Adviento 2023 para jóvenes – Camino de alegría

El Adviento es el tiempo de preparación para la fiesta de Navidad, el nacimiento de Jesús, ofrecemos materiales e ideas para el adviento con jóvenes o pastoral juvenil. Junto al resto de nuestras publicaciones, añadimos propuestas para la pastoral con jóvenes en el Adviento de 2023, cuatro semanas de camino para la oración y la reflexión.

Adviento es un tiempo de espera, donde recordamos el nacimiento histórico de Jesús y celebramos que Dios elige encarnarse y sigue viniendo a nuestra vida. Dios se hace uno como nosotros, busca y abraza todo lo humano. Dios en persona viene a hablar al ser humano y a mostrarle el camino por el cual es posible alcanzarlo.

Además de preparamos para esa presencia de Jesús en nuestra vida, reflexionamos sobre la venida definitiva que sucederá algún día al final de los tiempos.

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¿Qué es el tiempo de adviento?

Tiempo de espera ¿de quién o de qué?

El Adviento es un tiempo de espera para un acontecimiento importante. Si esto ya lo sabemos es necesario hacernos varias preguntas: qué esperamos, para qué, si tiene sentido ahora para nosotros…

El Adviento es un tiempo de espera y preparación interior de la venida de nuestro Señor Jesús para mantenernos con un corazón de jóvenes. Una venida que tiene sentido y actualidad ahora. No es el recordatorio de algo que ocurrió hace muchos años y que ha pasado a la historia. Si solo fuera esa celebración, sería igual todos los años, sin «espera» o preparación interior.

Prepararnos no es que cuando «el llegue» nos encuentre sin mancha, como si nunca hubiésemos «roto un plato»…

La preparación en el tiempo de Adviento es revisar nuestro corazón y nuestra debilidad. Es el tiempo de recoger en un cesto todos nuestros pecados, nuestros problemas, nuestros miedos e inseguridades y ofrecerlo a aquel que puede destruir la muerte, este Jesús que está vivo.

¿Cómo nos preparamos?

Para poder reflexionar debemos ser capaces de detenernos, de parar, de hacer un alto en nuestra vida y mirarnos por dentro, de ver que frutos son los que damos…

Es el momento de reconocer que no somos tan «libres» como pensábamos, que siempre hay algo que nos hace dudar: un fracaso, un desengaño, un problema del cual no sabemos como vamos a salir…

Es el momento de descubrir que Dios no es un absurdo, que no es el monstruo y el causante de que todo te salga mal, el que premia a los buenos y castiga a los malos…

Para prepararnos a esperar a alguien, primero tenemos que saber a quién esperamos, es decir, conocer a ese a quien esperamos…

Y a El solo se le conoce a través de la lectura de la Palabra, que es la que nos dice como es, como piensa, como actúa, y no como fue, como pensaba y como actuó.

El camino de Jesús es camino de alegría – El camino de la alegría

Un mundo lleno por fuera y vacío por dentro

Alégrate llena de gracia, el Señor está contigo.

Lc 1, 26

La proximidad del Mesías sólo puede despertar alegría en el corazón de los creyentes, porque con El todos nuestros deseos de plenitud y de eternidad serán un día realidad.

A pesar de la euforia de nuestra sociedad de los adelantos técnicos, a pesar de las fáciles promesas de felicidad a bajo precio, a pesar de las ansias infinitas de placer de nuestro mundo…, nos sentimos hambrientos de alegría.

Nuestro mundo ha perdido el camino y es víctima de un equívoco cruel. Nada buscamos tanto como la felicidad y la alegría, y nada parece alejarse cada vez más.

Dios nos conoce, más que nosotros mismos, y sabe de nuestros problemas y preocupaciones, incluso de aquellos que no nos atrevemos a contar a nadie por vergüenza o simplemente porque pensamos que no le importa a nadie. Pueden ser muchas cosas como dificultades en el estudio, el trabajo agotador, problemas con amigos o familia…

El camino que lleva a la alegría

La alegría que nos promete Dios a través de sus profetas y de la Palabra, no se parece en nada a la que vemos en el móvil o en las fiestas. La alegría que nos prometen es la alegría de compartir, no de acaparar, la alegría de servir, no de dominar, la alegría de ser libre, no de la evasión frívola.

Entrad por la puerta estrecha; porque es ancha la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y son muchos los que entran por ella. ¡Qué estrecha es la puerta!, ¡qué angosto el camino que lleva a la vida!, y son pocos los que dan con ella.

Mt 7, 13-14

En el Nuevo Testamento Jesús invita a seguir una puerta y camino estrechos. ¿Quién puede pasar por esta puerta? Seguro que no aquel que está demasiado seguro de sí mismo, al que nunca se le puede decir nada. El orgullo y la seguridad que nos lleva a despreciar a los demás nos hincha tanto que hace que no podemos pasar por esa puerta, por mucho que empujemos con todas las fuerzas.

Por el contrario aquel que reconoce su pecado que sabe con un corazón sincero, que solamente Jesús puede salvarle («Yo no he venido a salvar a los justos si no a los pecadores…»). Quien además sabe que también se equivoca, y no son siempre los demás los equivocados. El que sabe perdonar a los demás sus fallos porque él también sabe que falla; ese es el que podrá agacharse y entrar por la puerta ya que su orgullo se quedó fuera…

El adviento nos invita, como jóvenes, a buscar y seguir ese camino de alegría y felicidad.

Las lecturas de los domingos de adviento 2023

En este artículo encontrarás el conjunto de lecturas de todos los domingos de este adviento 2023

lecturas adviento 2023 ciclo b

Lecturas domingo de adviento 2023. Ciclo B

  • 3 de diciembre de 2023
  • 10 de diciembre de 2023
  • 17 de diciembre de 2023
  • 24 de diciembre de 2023

Dinámicas para jóvenes para trabajar en adviento

Conozcamos más a S. Maximiliano Kolbe

El testimonio de S. Maximiliano Kolbe puede ser muy interesante para ver con jóvenes este adviento.

El ejemplo de San Maximiliano Kolbe

Propuestas para las reuniones de grupo

  • Podemos en este tiempo realizar una actividad con otra entidad parroquial como Cáritas, o en la campaña contra el hambre.
  • Exponer en el grupo un compromiso personal, con nuestra familia, trabajo, escuela. Hacerlo con sinceridad, exponiendo por qué lo eligió. Aprovechar en el momento preciso para proponerlo.

Oración personal

Invitación a que cada uno en casa se levante tres noches a la semana, para hacer 10 minutos de oración, en silencio sin decir nada, solamente «esperando», escuchando el «ruido» del silencio.

Después podía ser motivo de reflexión en grupo, y ver nuestra debilidad, ¿Pude hacerlo o me venció el sueño?, ¿Qué me pasó?, ¿Me resultó una experiencia agradable o me sentía perder el tiempo?.

Se pueden leer las siguientes citas después de rezar:

Mateo: 6, 1-14; 7, 7-11; 10, 27-33; 11, 25-30; 13, 13-17; 16, 24-28; 18, 15- 22; 21, 28-45 y 25, 1-30.

Marcos: 4, 21-25; 11, 20-25; 12, 28-34 y 13, 33-37

Lucas: 4, 1-13; 6, 27-38; 7, 1-10; 7, 36-49; 10, 38-42; 11, 1-13; 12, 1-10; 15,11-31 y 18, 1-14.

Juan:   2, 1-12, 4, 5-14; 8, 1-11 y 17,1-26.

Celebraciones

Preparación de alguna celebración según las cuatro semanas de Adviento:

  • Oración preparada por el grupo
  • Vigilia de la Inmaculada
  • Penitencial (como signo de preparación)
  • Celebración Eucarística.

Personajes bíblicos de adviento

Isaías

Isaías es uno de los profetas más grande del Antiguo Testamento. Nació hacía el 765 a C. El año de la muerte del rey Ozías, el 740, recibió en el Templo de Jerusalén su vocación profética.

Vivió una época agitada y decisiva en la historia de Israel con la destrucción del reino del Norte y la invasión del reino del sur. Fue muy influyente, tanto en el pueblo judío como en los primeros cristianos que cuando acudieron a sus escrituras encontraron una gran inspiración en sus relatos mesiánicos para explicar el nacimiento, muerte y resurrección de Jesús.

Se distinguen varios períodos en los oráculos del profeta, actualmente la mayoría de las biblias separan el libro en tres Isaías diferentes.

En el capítulo 7 encontramos el «libro de Emmanuel»

Por eso el Señor, por su cuenta, os dará una señal: Mirad: la joven está encinta y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emanuel. Comerá requesón con miel, hasta que aprenda a rechazar el mal y a escoger el bien.

Isaías 7,14-15

Es importante destacar la revelación de Dios a Isaías acerca de la profecía de la lectura anterior.

Esa doncella de la que habla el texto bíblico, hace una premonición a un acontecimiento importante en la Salvación del hombre. Isaías ve como una «doncella», que antiguamente tenía significado de «virgen» concebirá a un varón al cual le pondrá por nombre Emmanuel (enviado), que es el Cristo, el hijo de Dios que tanto esperaba el pueblo judío.

Isaías es reflejo del Adviento justamente por la preparación y anunciación que hace al pueblo de Israel acerca del Mesías…

Vigilad, permaneced firmes en la fe, sed valientes y animosos.

Primera Corintios 16,13

San Juan Bautista

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea predicando:
Convertíos porque está cerca el reino de los Cielos. Una voz grita en el desierto:
Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos.

Mateo, 3 1-10

¿Quién es Juan Bautista?

Es un hombre que busca porque está insatisfecho de sí mismo y de la sociedad en la que vive. Un hombre íntegro que se jugó la vida por una causa, a pesar de sus dudas y temores.

Un profeta, el mayor de todos, austero, inquieto, que grito a todos sus simples y estridentes verdades. Un hombre al que le preocupaba la vida de su pueblo, oprimido religiosa y políticamente, en una época en la que los intereses de algunos se hacían pasar por intereses de Dios.

Juan es levita, debía estar en el templo. Pero Juan no es hombre de templo, sino de desiertos, la región preferida de los «ascetas». Juan ha orientado su vida bajo el signo de la austeridad, y convoca al pueblo al desierto. Retira a la gente de la ciudad para tomar distancia de la vida que oprime y poder así verla mejor.

Cuántas veces hemos visto que al venir de un campamento, aunque cansados, nos encontramos interiormente mucho mejor, como despejados de tantos ruidos, de tanta monotonía; de haber encontrado un pequeño «sentido a nuestras vidas», aunque después, al volver a la ciudad y al ruido, a la televisión etc…, se desvanezca y ansiemos volver a la tranquilidad, volver a ver las estrellas etc…

En el «desierto» el aire es limpio, transparente, sin los humos de los egoísmos y de las violencias. En el desierto el hombre se enfrenta consigo mismo.

«Preparad el camino al Señor, allanad sus senderos».

¿Quién podrá allanar estos caminos para que sean de salvación?. Los fariseos (los de ayer y los de hoy) piensan que lo importante es cambiar el sistema, fijar unas leyes hasta el último detalle, preparar el camino a su gusto, cuantos menos problemas «mejor», controlemos la vida de la gente a través de los medios de comunicación, siempre en «función nuestra», cambiemos el sistema, esto no puede ser así, a estos habría que apartarlos de aquí, que se callen esos de allá… Siempre cambiando lo externo, y lo curioso es que el problema se les agrava.

¿De qué sirve el cumplimiento de leyes, el intentar, en definitiva, crear un paraíso, sí nuestro corazón está lejos de Dios; sí en nuestros proyectos no contamos con el que «invento» el paraíso?.

Juan nos habla claro: preparad el camino a su venida para que él venga y nosotros recibamos de sus propias manos el paraíso. La felicidad verdadera aquí en la tierra, que aprendamos a estar solo y simplemente, escuchando para decirle ¿Qué quieres de mí?.

Antes de preparar a alguien preparémonos a nosotros mismos.

María, la llena de gracia, protagonista en Adviento

El pasaje de la anunciación nos presenta el inicio de la victoria que trae Jesús contra el pecado. Dios comienza eligiendo una madre.

María es capaz, ya desde el principio, de permitir la entrada de Dios con todo su misterio y sin condiciones en su propia vida, y es capaz también de entrar sin miedo en la vida de Dios. Así es María: «llena de gracia», inmaculada. Pero no lo es para ella. No hay ninguna madre que sea para ella lo que es; siempre lo es para el hijo, para los hijos.

María es única e irrepetible. Pero, al mismo tiempo, es una muchacha pobre, sencilla, humilde. Se la presenta rodeada de riquezas, de ángeles… Y esto puede alejarnos de la dura realidad que ella vivió. Una Virgen María deshumanizada no es conforme á la Biblia; ni le da gloria á ella ni es una ayuda para nosotros.

Dios actúa desde las cosas pequeñas, desde los pobres, desde lo que el mundo olvida y arrincona. Por eso debemos desconfiar de todos aquellos grupos religiosos que creen que van á salvar al mundo dando la mano al poder y reforzados por el dinero. Aunque tengan todas las bendiciones. En definitiva, la debilidad del hombre es tal que es un sufrimiento enorme mantenerse en la Palabra de la Vida y sin embargo todo esto que nos pasa es parte de la historia de Salvación que tiene preparada Dios para cada uno de nosotros.

Para poder llegar a nuestro desarrollo personal y de grupo, tenemos necesidad de creer en una promesa, de tener ilusiones, de creer en la plenitud humana. Eso es esperar al Mesías. Eso es lo que hizo María.

La vocación de cada uno es como una intuición de una situación nueva que nos llama, pero que hasta que no la alcanzamos, no sabemos qué es ni cómo es. No hay empresa ni proyecto humano que merezca realmente la pena, que se pueda

llevar a cabo sin una gran fe en lo que se espera conseguir.

María «llena de Gracia» y templo de Dios, se abre a los demás.

-La alegría mesiánica que la llena tiende, como todo don de Dios, a la comunión. Por eso, María sale de misma y camina.

Y se fue a una ciudad de Judá. Lleva dentro un misterio consumado en la profundidad de su ser; en el silencio de una vida entregada y en oración.

Muchas veces sí pensamos en María nos la imaginamos una persona joven, esbelta, y un poco con una vida un tanto «estática». La realidad es más humana. Yo me imagino a María como persona que también envejecía, le salía pelo canoso, con momentos de alegría y también de sufrimiento, pero ese sufrimiento tenía un sentido.

Imaginaros hoy día a María, en nuestra época actual, por ejemplo, una amiga tuya o alguna compañera de clase o del trabajo, que se te acerca y te dice que está embarazada del Espíritu Santo. Probablemente te daría un ataque de risa. Lo mismo ocurrió con María. La gente no le creía, se burlaban de ella, y en aquella época era mucho peor, ya que sí una mujer era «repudiada» tenía que morir lapidada.

Dios cuidó de ella y apareciéndosele a José en sueños, y hablándole a su corazón, le hizo comprender. Y el amor que profesaba a María, porque imaginaros cómo se sentiría cuando la gente se metiera con él, y hablaran a sus espaldas.

La preparación de la llegada del Señor no es tarea fácil. Y muchas veces abandonamos porque lo vemos absurdo o por el qué dirán.

¿Para qué leer y escuchar la Palabra de Dios?

Al principio existía la palabra

– La Palabra de Dios:

«En el principio ya existía la Palabra, y la palabra estaba junto a Dios, y la palabra era Dios…»

Estos dos primeros versículos encajarían perfectamente en el` adviento incluso antes cuando habla de que «la Tierra era caos y confusión… y Dios dijo Haya Luz…», ya que estos versículos del génesis nos hablan de nosotros mismos, de nuestro caos y confusión interior y de ese Dios que conoce perfectamente lo que nos pasa y que hace la luz en nuestra vida. Poniendo armonía en nuestro caos y pacificando nuestro interior.

El Génesis es el primer libro del denominado «Pentateuco» (Penta = cinco) al que los judíos denominaron la ley. El Génesis (Principio) como su palabra indica es la creación y al mismo tiempo, la historia de la Salvación del hombre, del cual Dios tiene compasión y empieza una historia de Amor. Hablaremos más tarde de toda esta símbología…

Esta Palabra nos pone una base sólida, y nos da la razón última de porque esta Palabra -que encarnada se llama Jesús de Nazaret- puede hablarnos de Dios. Nos la presenta en la esfera divina, preexistiendo al principio de la creación, en plena comunión con el Padre. La Palabra tiene como contenido propio el proyecto de Dios y su ejecución.

La Palabra arranca de la existencia eterna de la misma, más allá del tiempo. Palabra que tiene como función esencial hablar, dirigirse a alguien esperando ser acogida y respondida. Supone siempre unos destinatarios dispuestos a escucharla como alguien que siempre tiene algo que decirnos.

La Palabra es Dios. La palabra de una persona es siempre la expresión de su intimidad, de su pensar, de su sentir, de su querer, de su ser interior, de su misterio personal, y de su vida. Es la manifestación activa de un yo para dejarse conocer y ser aceptado o rechazado.

La persona que habla con sinceridad compromete a escuchar. Por la palabra llegamos las personas al encuentro, a la amistad, al amor, a la comunión…, a la enemistad, al odio… Cuando la palabra sincera, que expresa la vida del que habla, es escuchada con igual sinceridad, hay comunicación de vida.

Lo que llamamos Palabra de Dios es la expresión de su intimidad, de su pensamiento, y de su voluntad, de su ser personal, de su misterio, de su vida. Expresión total, plena, perfecta. Esta palabra es el Hijo, encarnada en Jesús.

La Palabra crea y libera

Hay una pre-historia de la Palabra de Dios, que pre-existía a la creación, que es eterna como Dios mismo. Hay también una historia de la Palabra de Dios en dos etapas: creadora y salvadora­ liberadora.

Dios crea por su palabra, se hace palabra en Jesús. Y Jesús nos revela la vida íntima de dios.

Pero surge un problema: Nuestra mentalidad occidental considera las palabras sólo en relación con el pensamiento que expresan. Para el antiguo hebreo son un realidad viviente. En el relato bíblico Dios «habla» y sus palabras son la luz, el firmamento, los animales, el hombre. Es Palabra eficaz.

La eficacia de la palabra depende de la convicción del que la pronuncia. Cuando Dios nos habla, los hombres quedamos existencialmente envueltos, Su palabra es creíble, porque es creadora: habla y nace el mundo, habla y sanan los enfermos, habla y los muertos resucitan…

«la palabra de dios es viva y eficaz,

más tajante que espada de doble filo…

… juzga deseos e intenciones del corazón»

(Heb 4,12)

La Palabra de Dios siempre es eficaz, nunca cae en el vacío, por eso se puede decir que la Palabra de Dios es siempre sacramental: realiza lo que significa.

Nuestro mundo inundado de palabrería, ha perdido la atención y la fe en las palabras. Las hemos vaciado de su verdad… un ejemplo: Lo que antiguamente parecía «pecado», hoy en día se llama cambio social, evolución, son otros tiempos… Y la realidad es que existe el bien, y certeramente creemos en él, nos cuesta creer que haya un mal, y es porque creemos que pecado significa «ser malo». Uno no hace el mal porque quiere como dirá S. Pablo: «Es el bien lo que quiero hacer y es el mal el que se me presenta…», y ese orgullo que a veces no podemos dominar, ese juzgar al otro, esa crisis que no podemos soportar, hace que rompamos la comunión con Dios y no encontremos la vida que Dios no da a través de su palabra.

Jesús nos libra del pecado Nos reconocemos realmente pecadores? – Donde abunda el pecado…

El ser humano está herido. No es una herida superficial la que tenemos, sí no una herida enraizada en lo más profundo de nuestro ser. Si miramos hacía el mundo que nos rodea y hacía dentro de nosotros mismos, veremos que se trata de una realidad palpable.

Miramos a nuestro alrededor y vemos el mal del mundo. No sólo desgracias naturales, (terremotos, inundaciones…); sino males como resultado de situaciones creadas por los hombres, que acaban teniendo consecuencias, que quizá nadie hubiera querido, pero que todos hemos creado.

Colectivamente, a escala mundial, ¿Quién no ve el pecado -el mal- y la esclavitud en las guerras y en la forma de hacer las paces sin paz, en la opresión de las grandes potencias sobre todos los países, en los montajes de las multinacionales, en los derechos humanos que son violados constantemente por las mismas naciones que los firmaron, etc…

Miramos hacía dentro de nosotros mismos, al pequeño mundo que somos cada uno de nosotros, y tenemos que hacer nuestro lo que decía San Pablo:

«Sé muy bien que no es bueno eso que habita en mí, es decir, en mis bajos instintos; porque el querer lo bueno lo tengo a mano, pero el hacerlo no.»

(Rom. 7,18-25)

Abramos cada uno nuestros ojos y nuestra conciencia sobre el mapa mundial, racional, local, familiar y personal.

Saquemos conclusiones y que tire la primera piedra el que esté sin pecado, el que crea que es absolutamente libre. Y no podemos evadirnos hablando de «superación del pecado» o que «es cosa de niños» como hace nuestra «adulta»socíedad. Esa «superación» o ese «infantilismo» son modos de huir para no tener que reconocer las propias culpas. El mal provoca desconcierto y nos resistimos a reconocer que forma parte de nosotros. El mal es negro y no lo queremos reconocer. Pero solamente reconociéndolo podremos recuperar la paz y la serenidad y podremos mirar a Dios y al futuro sin miedo.

Extrañamente, hoy olvidamos e ignoramos el sentido de pecado y la conciencia de esclavitud, refugiados en el «es bueno porque me gusta y malo porque me disgusta».

Nos engañamos pensando que el pecado no existe y que somos libres. Y así, no tiene sentido hablar de redención y

espera de algún tipo de liberación. Liberación que es, en definitiva, liberarse del pecado siguiendo el camino marcado por Jesús; camino que es posible seguir, aún sin conocerlo a El, si somos fíeles a la propia conciencia.

Sí olvidamos nuestra condición, perdemos de vista nuestro destino. Nos incapacitamos para la esperanza, para la gratitud y el amor.

Necesitamos abrir la razón y los ojos a la herida del mal que nos marca a todos. Es necesario que dejemos de engañarnos. Sentir la herida es buscar su curación. Somos hijos de una larga tradición de egoísmos; nos cuesta dar un sí limpio a Dios y a los hombres.

La Biblia nos habla de nuestra condición y de nuestro destino. La condición y el destino humano fueron objeto de reflexión constante para el hombre de ayer, tanto como lo son para el de hoy.

Los once primeros capítulos de Génesis nos descubren los cuatro elementos fundamentales de toda vida humana: creación, elección, pecado y redención.

Dios crea y da el crecimiento, como lo proclama el poema de la creación. También nos muestra que el hombre está destinado a la amistad con Dios, como lo da a entender la historia del paraíso terrenal (Gen. 2).

El pecado humano. Por amarga experiencia propia, hubo de conocer y reconocer Israel esta constante de la historia humana. El pueblo de Israel era tremendamente orgulloso y obstinado, era un pueblo de «corazón duro». Este pueblo es el símbolo de nosotros mismos.

Pero Dios no deja al hombre solo. A cada caída le sigue una manifestación de la gracia: por ejemplo, al expulsar Dios a Adán y a Eva del Paraíso Dios les promete a nuestros primeros padres que la descendencia de la mujer aplastará la cabeza de la serpiente (símbolo del pecado).

El diálogo simbólico del Génesis entre Adán y Eva, entre ellos y la serpiente o entre ellos y Dios nos revela nuestras propias contradicciones, nuestras medías verdades que son medías mentiras, nuestros «pecados originales»; es decir, pecados que nos inclinan a cometer otros mayores: para tapar una mentira tenemos que decir otra mayor, un robo conduce a cometer otro. El pecado engendra una cadena de pecados, de la que solo podemos liberarnos sí reconocemos la culpa inicial.

¿Nos sabemos pecadores y esclavos?. Lo sabremos sí razonamos sobre nuestra experiencia.

Dios nos libera de nuestro pecado – … Sobreabunda la gracia

Esta ruptura, Dios no la ha querido para siempre; Dios no ha querido que los hombres estuviéramos para siempre condenados a no poder levantarnos de] mal que nos ata.

Jesús, nacido de María, reconstruyó el camino: amando totalmente hasta dar la vida. Y así ahora los hombres, sí lo seguimos, podemos aprender de nuevo a amar, podemos librarnos de las ansías de dominio que llevamos dentro, podemos caminar de nuevo hacía el reino de vida que Dios tiene preparado. Para ello tenemos que reconocer la culpa, el pecado que hay en nosotros. Reconocer la culpa no es aún superarla: es un simple imperativo de realismo. Es Dios quien nos libra del mal, siempre que colaboremos.

El dialogo del paraíso anuncia, al final, la victoria del linaje de la mujer; victoria que nunca podremos conseguir solos. La culpa, el pecado, no son la última palabra sobre la vida humana. En esta lucha saldremos victoriosos.

El pasaje de la anunciación nos presenta el inicio de esa victoria. Dios comienza eligiendo una madre. Redimida por gracia del peso abrumador de tantos egoísmos como a nosotros nos marcan, la madre de Jesús puede ser «llena de gracia», pudo ser totalmente una mujer para los demás. Su corazón no podía aferrarse a nada ni a nadie; debía ser plenamente libre.

No es nada fácil ser madre. Y menos aún ser madre de Jesús, el hombre que no se pertenecía, que era todo para dios y todo para los hombres. Su madre no debía ser para El, ni inconscientemente, ningún obstáculo. Por ello, Dios la preservó de toda tara. Ella debía ser totalmente verdad, para poder participar en la victoria sobre toda mentira. Debía ser totalmente luz, para poder ser la madre del que iba a ser «luz del mundo» (Jn 8.12).

Lo que nosotros nos esforzamos para ser ahora á medias, y esperamos ser plenamente un día, María lo es desde el principio sin ningún estorbo interior. Ama como es amada y nunca juega con el amor. Consecuencia de nuestro pecado es nuestra tendencia á jugar con el amor.

María es capaz, ya desde el principio, de permitir la entrada de Dios con todo su misterio y sin condiciones en su propia vida, y es capaz también de entrar sin miedo en la vida de Dios. Así es María: «llena de gracia», inmaculada. Pero no lo es para ella. No hay ninguna madre que sea para ella lo que es; siempre lo es para el hijo, para los hijos.

María es única e irrepetible. Pero, al mismo tiempo, es una muchacha pobre, muy pobre; sencilla, muy sencilla; humilde, muy humilde. Se la presenta rodeada de riquezas, de ángeles… Y esto puede alejarnos de la dura realidad que ella vivió. Una Virgen María deshumanizada no es conforme á la Biblia; ni le da gloria á ella ni es una ayuda para nosotros.

Dios actúa desde las cosas pequeñas, desde los pobres, desde lo que el mundo olvida y arrincona. Por eso debemos desconfiar de todos aquellos grupos religiosos que creen que van á salvar al mundo dando la mano al poder y reforzados por el dinero. Aunque tengan todas las bendiciones.

En definitiva, la debilidad del hombre es tal que es un sufrimiento enorme mantenerse en la Palabra de la Vida y sin embargo todo esto que nos pasa es parte de la historia de

Salvación que tiene preparada Dios para cada uno de nosotros.

Adviento para caminar, esperar, anunciar

Hacen falta jóvenes nuevos para la construcción de la civilización del amor. Que asuman profundamente a Cristo -camino, verdad y vida- y se comprometan a una «nueva evangelización».

¡Caminar! Significa partir, salir, dejar. No se puede caminar sin haber salido, sin dejar la casa y las cosas. Significa desinstalarse y buscar, viviendo la precariedad y el gusto de lo provisorio. ¡A lo pobre! ¡Por lo fraterno! ¡Por lo contemplativo!

Como María que salió en busca de Isabel, dejando las comodidades.

¡Esperar! El camino es esperanza y la esperanza es esencialmente camino. Hace falta proclamar la esperanza en un momento en que las dramáticas situaciones de la historia amenazan con encerrarnos en una cultura de tristeza y pesimismo, la falta de confianza en el hombre y del abandono en las manos del Padre. Cristo es la «esperanza de la humanidad» de la que podemos beber.

¡Anunciar! No basta haber encontrado a Jesús. Es preciso «anunciarlo»: con la pa­labra, los gestos, el silencio, la oración. Hoy hacen falta jóvenes alegres, fuertes, pro­fundos, que anuncien a Cristo nuestra «feliz esperanza». Hace falta la profecía del obispo y del sacerdote, del religioso y del fiel laico. Hace falta la profecía de los jóvenes.

Pero ¿cuál profecía? La de una vida ofrecida y entregada, la de un silencio hecho oración y palabra evangelizadora, la de una cruz generosamente compartida y una caridad hecha seguimiento radical de Cristo y servicio generoso a los hermanos.

Este adviento iniciamos un camino para encontrarnos con Cristo, ca­mino, verdad y vida. Acojámoslo con la pobreza y el silencio de María. Con ella y como ella pongámonos de nuevo en camino para llegar rápidamente al mundo que nos espera.