Domingo de Pentecostés. Pascua de Pentecostés

Este domingo de Pentecostés (5 de junio de 2022) celebramos el acto final de la obra de Jesús y la puesta en marcha de la Iglesia. En esta Pascua de Pentecostés, la llamamos Pascua por ser una continuación de la resurrección de Jesús, comienza el tiempo de la iglesia, se cumplen las promesas de la efusión del Espíritu.

Somos hombres y mujeres del Espíritu de Dios. Dios está presente en el corazón de todos los que acogemos el Evangelio de Jesús. La Pascua de Jesús ha derramado el Espíritu en nuestros corazones. Ya no tiene sentido aquello que nos separa y podemos compartir todos la misma vida de Dios.

El camino abierto por Jesús se queda en cada uno de nosotros para convertirnos en hermanos y hermanas.

Recogemos a continuación la lecturas del domingo de pentecostés, con un breve comentario que puede servir a nivel personal, para trabajar en grupo o como ideas en una homilía. Además incluimos algunas preguntas para motivar la reflexión personal y el compartir en grupo.

Lecturas del domingo de Pentecostés

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 2, 1-11

Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos. De repente vino del cielo un ruido, como de viento huracanado, que llenó toda la casa donde se alojaban. 

Aparecieron lenguas como de fuego, repartidas y posadas sobre cada uno de ellos. Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, según el Espíritu les permitía expresarse. 

Residían entonces en Jerusalén judíos piadosos, venidos de todos los países del mundo. Al oírse el ruido, se reunió una multitud, y estaban asombrados porque cada uno oía a los apóstoles hablando en su propio idioma. 

Fuera de sí por el asombro, comentaban: —¿No son todos los que hablan galileos? ¿Pues cómo los oímos cada uno en nuestra lengua nativa? 

Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea y Capadocia, Ponto y Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y los distritos de Libia junto a Cirene, romanos residentes, judíos y prosélitos, cretenses y árabes: todos los oímos contar, en nuestras lenguas, las maravillas de Dios.

Segunda lectura: Primera Carta a los Corintios 12, 3b-7.12-13

Hermanos, nadie puede decir: ¡Señor Jesús! si no es movido por el Espíritu Santo. Existen carismas diversos, pero un mismo Espíritu; hay ministerios diversos, pero un mismo Señor; existen actividades diversas, pero un mismo Dios que ejecuta todo en todos.

A cada uno se le da una manifestación del Espíritu para el bien común.

Lo mismo que el cuerpo, siendo uno, tiene muchos miembros, y los miembros, siendo muchos, forman un solo cuerpo, así es también Cristo. 

Todos nosotros, judíos o griegos, esclavos o libres, nos hemos bautizado en un solo Espíritu para formar un solo cuerpo, y hemos bebido de un solo Espíritu.

Evangelio (opción 1): Juan 20, 19 – 23

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos con las puertas bien cerradas, por miedo a los judíos. Llegó Jesús, se colocó en medio y les dice: —Paz con vosotros. Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos se alegraron al ver al Señor. Jesús repitió: —Paz con vosotros. Como el Padre me envió, así yo os envío a vosotros. Dicho esto, sopló sobre ellos y añadió: —Recibid el Espíritu Santo. A quienes les perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los mantengáis les quedan mantenidos.

Evangelio (opción 2): Juan 14, 15 – 16. 23b-26

En aquel tiempo dijo Jesús a sus discípulos: Si me amáis, guardad mis mandamientos; y yo pediré al Padre que os envíe otro Valedor que esté siempre con vosotros. El que me ama cumplirá mi palabra, mi Padre lo amará, vendremos a él y habitaremos en él. El que no me ama no cumple mis palabras. Y la palabra que me habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió. Os he dicho esto mientras estoy con vosotros. El Valedor, el Espíritu Santo que enviará el Padre en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que os dije.

Comentario a las lecturas del domingo de pentecostés

Primera y Segunda lecturas

Lucas, el autor de los Hechos de los Apóstoles, relaciona lo sucedido en Pentecostés con el mito de la torre de Babel. Pentecostés supone el final de esa inercia que nos separa a las personas y que la historia de Babel sabe explicar tan bien. La humanidad comenzó a hablar cada uno una lengua movidos por el egoísmo, por su propio interés. A partir de ahora comienza una historia donde nos podemos entender con la lengua común del amor.

Con Pentecostés termina también una época donde Dios podía ser manipulado para separar unas personas de otras. Ahora experimentar las maravillas de Dios implica que todos estamos llamados a entendernos y reunirnos. Ya no podemos emplear a Dios para recalcar nuestras diferencias y los que nos separa. Dios solo puede hacernos ver a todos como hermanos y hermanas queridos.

Pablo en la carta a los corintios profundiza en la acción del Espíritu Santo en el interior de cada creyente. El Espíritu es el animador de toda la vida interior y es quien nos permite vivir la unidad en la diversidad.

Tras la desaparición «visible» de Jesús, su comunidad pasa a convertirse

Evangelio

En el evangelio de Juan (capítulo 20) Pascua y Pentecostés se unen. El mismo día en que Jesús resucita, infunde el Espíritu Santo en sus discípulos. Nos lo muestra con un gestor, exhalar su aliento sobre ellos, que nos recuerda el soplo de Dios infundiendo la vida en el episodio de la creación.

Los discípulos revivieron, comenzaron una vida nueva, quedaron transformados. Eran hombres y mujeres nuevos, superando los miedos y tristezas que les hacían vivir escondidos.

El misterio pascual de Jesús se distribuye, se hace regalo personal. Desde el momento de pentecostés se convierte en el misterio de amor que lucha por llenar nuestros corazones, traernos la felicidad que deseamos y ayudarnos a llevarla a los demás.

En el capítulo 14 del evangelio de Juan se describe la promesa del Espíritu, «valedor» o «paráclito», que se cumple en Pentecostés. El Espíritu mantiene vivos el mensaje y la misión de Jesús en su Iglesia. Gracias al Espíritu su palabra ilumina nuestras mentes, enciende nuestros corazones para llevar extender su acción a todos.

Reflexión para el domingo de pentecostés

En este domingo de pentecostés podemos plantearnos estas preguntas para reflexionar y compartir, personalmente o en grupo:

  • Nosotros hemos recibido el Espíritu ¿Notamos su presencia en nuestros grupos, parroquias, comunidades…? ¿Qué significa para mi esa presencia del Espíritu?
  • El Espíritu es lo que nos une, la fuerza que tenemos en común. ¿En qué momentos no ayudamos a sentirnos en comunión y ser todos uno?
  • Gracias al Espíritu Santo podemos ver a Jesús en los demás ¿Le dejo entrar en mi vida? ¿qué dificultades tengo para ello: miedo, desilusiones, falta de paz…?

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