Oración de Cuaresma: Amad a vuestros enemimos

Invocación al Espíritu

Aprovechamos esta cuaresma como un tiempo de reflexión y renovación a partir de la Palabra de Dios. Comenzamos esta oración pidiendole a Dios que nos de su Espíritu, para que nuestros corazones estén abiertos y dispuestos a acogerle.

Canto: En Espíritu y en Verdad (Brotes de Olivo)

En Espíritu y en Verdad
En Espíritu, en Espíritu,
quiero verte mi Dios.
Según tu verdad, según tu verdad,
quiero conocerte, yo quiero conocerte,
mi Señor, mi Señor.
Para adorarte en Espíritu y en verdad, mi Dios.

Lectura: Mc 11, 21b-26

Porque yo os aseguro que si alguien dice a esta montaña: «Retírate de ahí y arrójate al mar», sin vacilar en su interior, sino creyendo que sucederá lo que dice, lo conseguirá.
Por eso os digo: Cuando pidáis algo en la oración, creed que ya lo tenéis y lo conseguiréis.
Y cuando vosotros os pongáis de pie para orar, si tenéis algo en contra de alguien, perdonadlo, y el Padre que está en el cielo os perdonará también vuestras faltas».

Dejamos unos minutos para meditar la lectura y recitamos todos juntos la oración de Michel Hubaut.

Oración: Enséñame a vivir con mis luces y sombras

Enséñame a vivir
con mis luces y sombras,
mis momentos dulces y coléricos,
mis risas y mis lágrimas,
mi pasado y mi presente.


Concédeme acoger como tú acoges,
amar como tú amas.
Apártame de la Perfección a la que aspiro,
ábreme a la Santidad que tú me das.


Líbrame de los remordimientos de Judas,
entrando en sí mismo para no volver a salir,
espantado y desesperado por su pecado.


Concédeme el arrepentimiento de Pedro,
reencontrándose en el silencio de su mirada,
llena de ternura y piedad.
Y si tengo que llorar,
que no sea sobre mí mism@
sino sobre tu amor ofendido.


Dame el coraje de salir de mí mism@,
Dime que todo es posible para el que cree.
Dime que todavía puedo curarme
en la luz de tu mirada y tu palabra.

(Michel Hubaut)

Amad a vuestros enemigos: Mt 5, 43-48

Vosotros habéis oído que se dijo: Amarás a tu prójimo y odiarás a tu enemigo.
Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, rogad por sus perseguidores; así seréis hijos del Padre que está en el cielo, porque él hace salir su sol sobre malos y buenos y hace caer la lluvia sobre justos e injustos.
Si vosotros amáis solamente a quienes os aman, ¿qué recompensa merecéis? ¿No hacen lo mismo los publicanos?
Y si saludáis solamente a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo los paganos?
Por lo tanto, sed perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo.

Tras unos minutos de silencio cantamos todos juntos.

Canto: Si no tengo amor (Brotes de Olivo)

Si no tengo amor no soy nada
nada soy si no tengo amor
nada soy (2) si no tengo amor

Lectura Mt 18,21-35

Entonces se adelantó Pedro y le dijo: «Señor, ¿cuántas veces tendré que perdonar a mi hermano las ofensas que me haga? ¿Hasta siete veces?».
Jesús le respondió: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete.

Tiempo para Compartir

  • ¿Qué nos dicen estas lecturas?
  • ¿En qué tiene que mejorar mi amor y mi perdón a los que me rodean?
  • ¿Me cuesta perdonar y mantengo rencor por algo del pasado?

Dejamos un tiempo para que en voz alta se comparta respecto a las preguntas, se haga alguna petición o acción de gracias surgida en este tiempo de oración.

Para terminar escuchamos o cantamos:

Canto EL NAZARENO

Letra EL NAZARENO

Dime tú cuando esta angustia acabará,
sólo tú podrás calmar mi alma
que hambrienta de tu amor está.

Sabes bien todo cuanto soy,
yo se bien que mi vida sin ti no es nada.
Deja empaparme de tu sudor
y gozar con tu mirada.

Quiero llevar contigo la cruz,
ser de esta tierra la sal y la luz.
Quiero que me llamen también el nazareno,
porque en mi vida también llevo una cruz.

Deja que coja mi cruz
y te siga hasta el final.
Deja que vea tu luz y tu cara;
clava en mi el poder de tu amor.

Quita mis miedos Señor,
que me impiden ver tu rostro.
Deja que sepan, Señor,
el porqué de mi dolor,
deja que llore al fin mi corazón;
y deja que llore al fin mi corazón.

Terminamos la oración recordándonos el compromiso de que este tiempo nos ayude a permanecer más cerca de Dios de forma que sea posible llevarnos lo vivido a nuestra vida cotidiana.