El gran anuncio para la juventud

Esta es la reunión para reflexionar y trabajar en grupo el capítulo 4 «el gran anuncio» del documento Cristo Vive o Christus Vivit.

Introducción: El gran anuncio

La propuesta para esta reunión es hacer previamente una lectura personal del cuarto capítulo de la exhortación apostólica Cristo Vive, puntos 105 al 133.

Para los más jóvenes, si pensamos que es demasiado, podemos ofrecer leer los puntos más importantes que resumimos aquí, o incluso prepararles un resumen de una página con las frases más significativas. Proponemos estos 12 artículos.

  • 112 – 115: Dios es amor
  • 118 – 121: Cristo nos salva
  • 124 – 125: Él vive

Resumen capítulo 4: El gran anuncio

112. Ante todo quiero decirle a cada uno la primera verdad: “Dios te ama”. Si ya lo escuchaste no importa, te lo quiero recordar: Dios te ama. Nunca lo dudes, más allá de lo que te suceda en la vida. En cualquier circunstancia, eres infinitamente amado.

114. En su Palabra encontramos muchas expresiones de su amor. Es como si Él hubiera buscado distintas maneras de manifestarlo para ver si con alguna de esas palabras podía llegar a tu corazón. Por ejemplo, a veces se presenta como esos padres afectuosos que juegan con sus niños: “Con cuerdas humanas los atraía, con lazos de amor, y era para ellos como los que alzan a un niño contra su mejilla“ (Os 11,4).

A veces se presenta cargado del amor de esas madres que quieren sinceramente a sus hijos, con un amor entrañable que es incapaz de olvidar o de abandonar: “¿Acaso olvida una mujer a su niño de pecho, sin enternecerse con el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvidara, yo no te olvidaré“ (Is 49,15).

Hasta se muestra como un enamorado que llega a tatuarse a la persona amada en la palma de su mano para poder tener su rostro siempre cerca: “Míralo, te llevo tatuado en la palma de mis manos“ (Is 49,16).

Otras veces destaca la fuerza y la firmeza de su amor, que no se deja vencer: “Los montes se desplazarán y las colinas se moverán, pero mi amor no se apartará de tu lado, mi alianza de paz no vacilará“ (Is 54,10).

O nos dice que hemos sido esperados desde siempre, porque no aparecimos en este mundo por casualidad. Desde antes que existiéramos éramos un proyecto de su amor: «Yo te amé con un amor eterno; por eso he guardado fidelidad para ti» (Jr 31,3).

O nos hace notar que Él sabe ver nuestra belleza, esa que nadie más puede reconocer: “Eres precioso a mis ojos, eres estimado y yo te amo“ (Is 43,4).

O nos lleva a descubrir que su amor no es triste, sino pura alegría que se renueva cuando nos dejamos amar por Él: «Tu Dios está en medio de ti, un poderoso salvador. Él grita de alegría por ti, te renueva con su amor, y baila por ti con gritos de júbilo» (So 3,17).

115. Para Él realmente eres valioso, no eres insignificante, le importas, porque eres obra de sus manos. Por eso te presta atención y te recuerda con cariño. Tienes que confiar en el «recuerdo de Dios: su memoria no es un “disco duro” que registra y almacena todos nuestros datos, su memoria es un corazón tierno de compasión, que se regocija eliminando definitivamente cualquier vestigio del mal». No quiere llevar la cuenta de tus errores y, en todo caso, te ayudará a aprender algo también de tus caídas. Porque te ama. Intenta quedarte un momento en silencio dejándote amar por Él. Intenta acallar todas las voces y gritos interiores y quédate un instante en sus brazos de amor.

118. La segunda verdad es que Cristo, por amor, se entregó hasta el final para salvarte. Sus brazos abiertos en la Cruz son el signo más precioso de un amigo capaz de llegar hasta el extremo: “Él, que amó a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin“ (Jn 13,1). San Pablo decía que él vivía confiado en ese amor que lo entregó todo: “Vivo de la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí“ (Ga 2,20).

119. Ese Cristo que nos salvó en la Cruz de nuestros pecados, con ese mismo poder de su entrega total sigue salvándonos y rescatándonos hoy. […]

120. […] El amor del Señor es más grande que todas nuestras contradicciones, que todas nuestras fragilidades y que todas nuestras pequeñeces. Pero es precisamente a través de nuestras contradicciones, fragilidades y pequeñeces como Él quiere escribir esta historia de amor. Abrazó al hijo pródigo, abrazó a Pedro después de las negaciones y nos abraza siempre, siempre, siempre después de nuestras caídas ayudándonos a levantarnos y ponernos de pie.

121. Su perdón y su salvación no son algo que hemos comprado, o que tengamos que adquirir con nuestras obras o con nuestros esfuerzos. Él nos perdona y nos libera gratis. Su entrega en la Cruz es algo tan grande que nosotros no podemos ni debemos pagarlo, sólo tenemos que recibirlo con inmensa gratitud y con la alegría de ser tan amados antes de que pudiéramos imaginarlo: “Él nos amó primero“ (1 Jn 4,19).

122. Jóvenes amados por el Señor, ¡cuánto valen ustedes si han sido redimidos por la sangre preciosa de Cristo! Jóvenes queridos, ustedes ¡no tienen precio! ¡No son piezas de subasta! Por favor, no se dejen comprar, no se dejen seducir, no se dejen esclavizar por las colonizaciones ideológicas que nos meten ideas en la cabeza y al final nos volvemos esclavos, dependientes, fracasados en la vida. Ustedes no tienen precio: deben repetirlo siempre: no estoy en una subasta, no tengo precio. ¡Soy libre, soy libre! Enamórense de esta libertad, que es la que ofrece Jesús.

124. Pero hay una tercera verdad, que es inseparable de la anterior: ¡Él vive! Hay que volver a recordarlo con frecuencia, porque corremos el riesgo de tomar a Jesucristo sólo como un buen ejemplo del pasado, como un recuerdo, como alguien que nos salvó hace dos mil años. Eso no nos serviría de nada, nos dejaría iguales, eso no nos liberaría. El que nos llena con su gracia, el que nos libera, el que nos transforma, el que nos sana y nos consuela es alguien que vive. Es Cristo resucitado, lleno de vitalidad sobrenatural, vestido de infinita luz. Por eso decía san Pablo: “Si Cristo no resucitó vana es nuestra fe“ (1 Co 15,17).

125. Si Él vive, entonces sí podrá estar presente en tu vida, en cada momento, para llenarlo de luz. Así no habrá nunca más soledad ni abandono. Aunque todos se vayan Él estará, tal como lo prometió: “Yo estoy con ustedes todos los días, hasta el fin del mundo“ (Mt 28,20). Él lo llena todo con su presencia invisible, y donde vayas te estará esperando. Porque Él no sólo vino, sino que viene y seguirá viniendo cada día para invitarte a caminar hacia un horizonte siempre nuevo.

Vida: Dinámica el gran anuncio para los jóvenes

La carta nos propone un «gran anuncio». Vamos a representar ese anuncio, intentando proponerlo a los jóvenes.

La actividad consiste en que en grupo o personalmente preparemos un anuncio o publicidad en la línea del mensaje del capítulo.

Podemos pedir que se prepare con antelación o en la propia reunión. Se puede emplear cualquier tipo de expresión plástica o artística, físicamente o en digital. Se puede proponer hacerlo de forma libre, con los medios que se quieran utilizar.

Si lo hacemos en la reunión podemos disponer de cartulinas, colores y cualquier otro material del que podamos disponer.

Para el anuncio podemos tomar cualquier frase del capítulo, pero en concreto de:

112 – 115: Dios es amor
118 – 121: Cristo nos salva
124 – 125: Él vive

Palabra

En el resumen del capítulo hay muchas citas de la biblia. Proponemos también otra lectura del Nuevo Testamento.

El animador puede hacer un pequeño resumen del texto de la carta, siguiendo los tres puntos que hemos destacado al comienzo.

Lectura de la carta a los Romanos 8, 31.33-35.37-38

Si Dios está de nuestra parte, ¿quién estará en contra?

Si Dios absuelve, ¿quién condenará? ¿Será acaso el Jesucristo, el que murió y después resucitó y está a la diestra de Dios y suplica por nosotros?

¿Quién nos apartará del amor de Cristo? ¿Tribulación, angustia, persecución, hambre, desnudez, peligro, espada?

En todas esas circunstancias vencemos de sobra gracias al que nos amó. Estoy seguro de que ni muerte ni vida, ni ángeles ni potestades, ni presente ni futuro, ni poderes ni altura ni hondura, ni criatura alguna nos podrá separar del amor de Dios manifestado en el Jesucristo Señor nuestro

Mirada Nueva

Estamos en el bloque más importante de la carta. Se nos presentan unas realidades de forma simple, pero muy profundas, y es necesario preguntarnos y reflexionar.

  • Dios es amor ¿Qué entendemos por amor? ¿Cómo es para mi ese amor de Dios?
  • Cristo te salva ¿de qué necesito ser salvado? ¿esta frase “Cristo nos salvó de nuestros pecados” la tengo como experiencia personal o como algo que me han enseñado?
  • La salvación que nos ofrece Cristo tiene que ver con la libertad “no te dejes seducir, no te dejes comprar” Grita: ¡SOY LIBRE! ¿qué cosas te hace ser menos libres?

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