Orar por la unidad: ¡Tarea de todos!

Para realizar durante la Semana de Oración por la unidad de los cristianos proponemos una oración.

Introducción del animador. Ambientación

Una de las oraciones más destacadas de Jesús fue la de pedir por todos los que lo seguimos, para que «seamos uno.» Esto hay muchas veces que no lo ponemos fácil. Hay Iglesias cristianas separadas y hay disputas sin sentido entre cristianos en nuestras comunidades, grupos…

Hoy nos reunimos para pedir por la unidad, para pedir que Dios nos ayude a ser cauce de unidad, que podamos dejar de lado discordias y problemas.

Canto Unidos (Alborada)

Unidos en la alegría
de sentirnos hijos tuyos
te seguiremos; luchando,
transformaremos el mundo
Ayudaremos al débil,
y aunque caigamos,
Tú nos levantarás.
Sabes que estamos sedientos
por vivir la unidad. (2)

DO               re-
Unidos en la alegría 
SOL                DO
de sentirnos hijos tuyos
                  re-
te seguiremos; luchando, 
          SOL      DO
transformaremos el mundo
     DO7      FA
Ayudaremos al débil,
            fa-
y aunque caigamos,
DO            la-
Tú nos levantarás.
la-                   re-
Sabes que estamos sedientos
     SOL7        DO
por vivir la unidad. (2)

Lectura del Evangelio de Juan 17, 21-23

Que todos sean uno, cómo tú, Padre, estás en mi y yo en ti; Que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tu me enviaste (…) y los amaste como me amaste a mi.

Salmo de la Comunidad

¡Québueno, qué dulce, habitar los hermanos juntos!
¡Qué bueno es vivir apiñados como un racimo todos!
¡Qué dulce es sentirse acompañado de los hermanos!
¡Qué maravilloso, Señor Jesús, es vivir juntos en comunidad!

Todos unidos en comunidad somos como una espiga madura.
Todos unidos en comunidad somos como colmena trabajadora,
Todos unidos en comunidad somos piedras que sostienen la casa.
Todos unidos en comunidad somos como granos de arena
que forma un desierto.

Tú nos quieres, Señor Jesús, miembros de un mismo grupo.
Nos quieres sentados alrededor de tu palabra y de tu pan.
Tú nos has reunido con la fuerza de tu Espíritu de amor.
Tú eres el Centro y la fuerza de nuestras vidas.

Tú llamaste a los Doce a juntarse como amigos a tu lado,
Y les diste como norma el servicio y el compartir.
Les diste el reto de olvidarse cada cual de sí mismo.
Les desafiaste a ocupar el último lugar como norma en el vivir.

Tú nos diste una ley para vivir en comunidad y ser hermanos;
tu ley es para corazones que saben amar sin pedir nada a cambio;
tu nos diste el mandamiento nuevo para corazones nuevos;
tú hiciste del amor la norma esencial de tu Reino.

El amor es, Señor Jesús, libre como gaviota al viento;
el amor es fuerte como el fuego crepitante en la hoguera;
el amor es flexible como la arcilla en nuestras manos;
el amor es fiel como la madre que no cesa de darse entera.

El amor es, Señor Jesús, bello
el amor es suave; el amor es limpio;
el amor es sincero y está pronto y es constante cada hora.

Tú nos dijiste, Señor Jesús, que nadie tiene amor más fuerte,
que aquel que de verdad da la vida por el amigo;
danos saber buscar fecundidad en nuestras relaciones
y que muramos, como muere para ser fecundo, el grano de trigo.

¡Qué bueno, qué dulce, habitar los hermanos juntos!
¡Qué bueno, Señor Jesús, tenerte a ti como Centro de nuestra Comunidad!

Canto Nada Nos separará (Brotes de Olivo)

Nada nos separará (3)
del amor de Dios

Tiempo de Oración y Silencio

Dejamos varios minutos de silencio y lanzamos estas preguntas, invitando a compartir en el grupo:

  • ¿Yo soy un ejemplo de unidad?
  • ¿En qué cosas favorezco la unidad? ¿En qué cosas necesito mejorar?
  • ¿Creo que siempre tengo la razón?
  • ¿Intento comprender al otro y aprender de él?

Cuento «La religión de la vieja dama»

A una vieja dama de mentalidad muy religiosa, a la que no satisfacía ninguna de las religiones existentes, se le ocurrió fundar su propia religión.

Un periodista, que deseaba sinceramente comprender el punto de vista de dicha anciana, le preguntó un día: “¿De veras cree usted, como dice la gente, que nadie irá al cielo, a excepción de usted misma y de su criada?”

La vieja dama reflexionó unos instantes y respondió: “Bueno… de la pobre María no estoy tan segura”.

Canto final

Nada nos separará (3)
del amor de Dios

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