Oración miércoles de ceniza

«Mirad, estamos subiendo a Jerusalén…» (Mt 20,18)

Para empezar…

Y volvemos de nuevo a empezar, la Cuaresma en este miércoles de ceniza nos abre la puerta para iniciar un camino para recuperar lo esencial, todo eso que la prisa, los compromisos, los cansancios, las frustraciones, el miedo van disipando y disimulando.

Esta es la invitación y también el desafío, adentrarnos en un tiempo bueno para el cuidado interior, para acariciar dolores, recuperar sueños, nutrir esperanzas, evaluar compromisos… Y ahí anda Dios, alentando a quien se anime a hacer experiencia de liberación.

En estos cuarenta días se nos convoca a recuperar sentido y a reajustar la ruta. Nos ayudará el silencio, la oración, la elección de los elementos que nos facilitan este itinerario y el desprendimiento del lastre.

Por esto hoy te invitamos a buscar un momento del día para detenerte y aquietar tu ser. Dejarte abrazar por la ternura de Dios y presentarte en tu fragilidad.

Quizás puedes encender una pequeña luz y en la intimidad de este espacio cuidado y reservado comenzar a orar.

Ten a mano un cuaderno y recoge en él, si lo ves oportuno, todo eso que aparecerá en tu oración, déjate ser silencio y escucha para percibir la compasión de nuestro Dios que te habita.

Tal vez sea una herramienta acertada ir recogiendo durante estas semanas nuestro anhelo esencial y del que podemos tomar consciencia en la quietud y el silencio de la oración.

  • Te presentamos a continuación una oración para empezar a caminar en este tiempo que puede ser nuevo.
  • Busca un espacio en el que puedas estar a solas sin interrupciones.
  • Enciende una luz/vela y respira con calma unos minutos.

Canto

VENGO AQUI MI SENOR, BROTES DE OLIVO

Lectura. Rasgad los corazones y no las vestiduras

«Ahora -oráculo del Señor- convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones y no las vestiduras; convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas.» Quizá se arrepienta y nos deje todavía su bendición, la ofrenda, la libación para el Señor, vuestro Dios.

Tocad la trompeta en Sión, proclamad el ayuno, convocad la reunión. Congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos. Congregad a muchachos y niños de pecho. Salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo. Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: «Perdona, Señor, a tu pueblo; no entregues tu heredad al oprobio, no la dominen los gentiles; no se diga entre las naciones: ¿Dónde está su Dios? El Señor tenga celos por su tierra, y perdone a su pueblo.»

Joel 2,12-18

Canto

CINCUENTA, BROTES DE OLIVO

Lectura. Reconciliaos con Dios: ahora es tiempo favorable

Hermanos: Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios. Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: «En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación.

2Corintios 5,20-6,2

Lectura. Tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará.

Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará.

Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga.

Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará.»

Mateo 6,1-6.16-18