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Dichosos los que lloranNos situamosDentro del estudio y la comprensión de las Bienaventuranzas afrontamos la tercera, Dichosos los que lloran porque serán consolados (Mt 5, 5) o Bienaventurados los que lloráis ahora, porque reiréis (Lc 6, 21b).
Recordemos la división que ya habíamos hecho para entendernos mejor. Dijimos que las bienaventuranzas se dividían en dos clases: la primera y luego todas las demás. Pues bien, ésta pertenece a la segunda parte, a "todas las demás".
La primera, Dichosos los pobres, pedía una decisión, una elección, aceptar la proclamación de Jesús. Por ello estaba formulada, incluso, en tiempo presente, para subrayar que esta elección es actual y siempre posible. Era la puerta para poder entrar en un nuevo estilo de vida que el resto de las bienaventuranzas van poco a poco perfilando, sugiriendo y dirigiendo. Se trata de aceptar la oferta de Dios en Jesús para construir su Reinado en nosotros y entre nosotros. Como ya dijimos, reconociendo nuestra propia pobreza es como descubriremos que no estamos solos en ella, sino acompañados; que Dios, en Jesús, nos mira y ha optado por nosotros, nos ha preferido y nos apoya.
Por eso mismo, en todas las bienaventuranzas habrá un eco de esta pobreza. Todos los términos usados en la primera parte de cada macarismo (bienaventuranza en griego, no está mal, de cuando en cuando, aprender alguna palabra) son sinónimos o, al menos, pertenecen, en sus lenguas de origen, al mismo campo semántico: pobres, mansos o desposeídos, hambrientos y sedientos, misericordiosos ... Y también en cada una, habrá un eco de la decisión: una determinada actitud o un determinado valor en el que habremos de reconocer nuestra verdad y ponernos a trabajar para que las cosas cambien en nuestra vida y en nuestro ambiente. El trasfondo bíblicoEn muchos textos bíblicos se contraponen el llorar y el reír. En general, aunque con matices y variaciones en cada texto, puede entenderse que la risa es una actitud que expresa la seguridad humana sin su apoyatura en Dios. El hombre ríe porque asegura su autonomía respecto de Dios y Hora porque sufre y quiere expresar su dependencia y su confianza en su Creador. Por no cansamos mucho, veamos solo algunos textos: Sal 126,5; Is 61, 2?3; Gn 18,12 (la risa de Sara, por la que ella teme, puede ser una expresión de incredulidad; Qo 7,6. Por otro lado, el llanto de Ezequías (2 Re 20, 3) es una oración confiada en el poder de Dios para salvarle de la muerte. Otros textos se acercan casi a nuestra bienaventuranza: " Yo me volvía considerar todas las violencias perpetradas bajo el sol, vi el llanto de los oprimidos sin tener quien los consuele, la violencia de los verdugos sin tener quien los vengue" (Qo 4, l).
Por otro lado, el llanto puede ser consolado, y a muchos niveles. El que nos interesa a nosotros es el de aquella consolación que se convierte en tal por su compromiso y su constancia frente al sufrimiento. Mientras halla quien consuele, la tristeza y el sufrimiento no tendrán la última palabra. Es interesante señalar que el consuelo quizá no pone fin al sufrimiento, solamente nos dice que éste no es para siempre, que no es definitivo, que Alguien lo sabe y pretende que nosotros, todos, tomemos conciencia de ello. Dichosos los que lloran (los afligidos)...Sobre este trasfondo, nuestro texto tiene ya un claro sentido. Jesús proclama dichosos a los que lloran y están afligidos porque sabe y demuestra con sus acciones que Dios ha tomado partido por ellos, que se ha decidido a consolarlos, a enjugar sus lágrimas. Jesús mismo es esta Consolación que el Padre envía. Su Palabra y sus Gestos la hacen presente cerca de aquellos que la necesitan (ver por ejemplo en el mismo Evangelio: Lc 7,11-17), literalmente seca sus lágrimas causadas por el mal y la opresión.
Una vez más comprobamos cómo Jesús no tiene miedo de anunciar la felicidad en las reales condiciones de las personas. Decir que seremos dichosos (si llegamos) cuando nos toque la lotería o el mundo se vuelva racional y bueno, de repente, pues no tiene ningún mérito. Ahora, anunciar la dicha en medio de la tristeza, la desgracia y la maldición, es algo que solo puede hacer Dios. La expresión dichosos los que lloran quiere abarcar todo tipo de sufrimientos y de infelicidades y afirma que puede haber dicha incluso en medio de las lágrimas, que el sufrimiento no cesa pero que seremos consolados ahí mismo, que Alguien nos acompañará para que descubramos que ni el sufrimiento ni el mal experimentado pueden destruirnos si Dios está de nuestra parte. El verbo serán consolados está en futuro, indica un proceso para cada uno y un camino a recorrer para todos: contribuir a secar lágrimas. No hacer sufrir e intentar hacernos presentes cerca de todo sufrimiento. Se trata, técnicamente, de un pasivo divino, es decir, una forma pasiva del verbo que indica que el verdadero sujeto de la acción (sujeto agente) es Dios mismo, aunque sin nombrarle, por respeto, expresamente. Es una fórmula muy usada en la Biblia para guardar el debido respeto a la acción de Dios.
Él, el Señor, es esta Consolación. Se reveló y se proclamó a los cuatro vientos en jesús de Nazaret pero comprende que tiene trabajo para mucho tiempo. Sigue siendo un camino abierto. Nosotros, los creyentes en el Evangelio, los que creemos que Dios sigue actuando y que no se desentiende de las personas, tenemos que apoyar esta acción. Es tambien algo nuestro. El Reinado de Dios no se construirá sin nuestra colaboración y no será tal mientras exista todavía quien llore y no esté acompañado, no se sienta querido y valorado, incluso, en su sufrimiento. Creatividad.
También, la expresión griega usada por Mateo (Lucas usaba el verbo llorar, klaió), Penzountes, parece ser una traducción de otra hebrea, aniyyim, que ya comentamos al hablar de los pobres. Significa prácticamente lo mismo que anaw, sólo que subrayando la idea de aflicción y tristeza: los que están verdaderamente apenados, los que lo han perdido todo, hasta la alegría y la posibilidad de recuperarla. De nuevo, el I Evangelio (Mateo) espiritualiza la expresión para hacer ver su significado como valor y actitud positiva en la relación con el Dios de Jesús. Y casi como un imperativo ético: la expresión es activa, los que se afligen, por decir, los que se comprometen, aunque vean que su esfuerzo, tantas veces, sirve de muy poco. Lo mismo podemos decir de la segunda parte, la consolación, verbo PARAKALEO (recordar, p.e., la expresión el Paráclito). Ambas expresiones son usadas en el texto de Is 61, 1?3, quizá el más interesante a la hora de entender la bienaventuranza: " El Espíritu del Señor está sobre mí. Me ha ungido para anunciar la Buena Nueva (texto griego: Evangelio) a los pobres. A vendar los corazones rotos, a pregonar a los cautivos la liberación y los reclusos la libertad. Para anunciar el año de gracia del Señor, el día de su desquite, para consolara todos los que lloran (texto griego: los que se afligen).
Resumiendo: según la Biblia, se ríen los malvados en su orgullo porque creen que sus maldades son lo último y definitivo, que Dios o bien no existe o bien no les pedirá cuentas, puesto que se lo permite todo sin rechistar. Pero Dios sabe y conoce todo esto (se pueden citar multitud de salmos y otros textos) y habrá un desquite, una vuelta de la tortilla; como se dice entre nosotros, el que ríe el último ríe mejor. Otros textos afirman explícitamente que el llanto se transformará en júbilo y alegría (observad que risa es un concepto negativo mientras que alegría y júbilo son conceptos positivos): Sal 126. Será el Señor quien cambie su suerte. Ésta es la segunda parte del macarismo: este cambio de suerte es la consolación (no es el momento de detenemos en esto, pero podéis leer con aprovechamiento Is 40 y Jer 30?31, llamados ambos Libros de la Consolación). La clave es Dios mismo que se decide a cambiar la situación, a transformar las lágrimas en risas. Experiencia (trasfondo) humanaEsta es la única bienaventuranza que alude de un modo directo al sufrimiento, y al sufrimiento que podemos llamar pasivo. No es este el lugar ni el momento de abordar tal tema, solo pretendemos mencionarlo, tomar nota de la alusión.
El hecho de llorar revela casi siempre en la persona el sufrimiento, el mal recibido o incluso la desesperación. Se está afligido y hasta se llora, además, como la única reacción posible ante tantas injusticias como se sufren o se ven o se desean compartir. Puede que se trate de un desahogo, es decir, de un liberar una tensión interior e impedir que nos haga daño pero ahora nos interesa su significado humano: el llanto es una muestra de nuestra impotencia por arreglar o cambiar situaciones en nuestra propia vida o en nuestro ambiente. El que llora es el afligido, es el triste, el desheredado, el que padece miseria; todo aquel que carece profundamente de felicidad, es el pobre en felicidad. Pero, a la vez, el llanto del no poder resolver una situación se puede transformar en oración confiada, en vuelta hacia el Señor.
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