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Jesús hombre con una propuesta; Dichosos los pobres

Jesús un hombre con un proyecto

Iniciamos este segundo tema donde terminó el primero: vamos a por todas, queremos escuchar y seguir la propuesta que tiene que hacemos Jesús, el Hombre auténtico. Nada de mínimos, vamos a por todo lo que podamos dar, a por toda la felicidad que podamos conseguir.

Jesús fue un hombre de verdad porque sabía de dónde venía y adónde iba. Se sabía enviado por el Padre para comprometer a los hombres, sus hermanos, en la actuación de Dios, para hacer de su vida una lucha por implantar el Reinado de Dios.

Este Reinado, el antiguo proyecto de Dios Padre y Creador sobre el mundo, rechazado por el primer hombre, re-propuesto como Promesa a Abraham, sellado en la Alianza, recordado por los profetas, se hace verdad, oferta concreta, personal en Jesús de Nazaret. En Él es posible que seamos felices, que recuperemos nuestro "destino dichoso".

Él es el Mesías, el Ungido, nuestra Esperanza hecha realidad, el cumplimiento de todo lo que deseamos y de lo que ni siquiera nos hemos atrevido a desear. En realidad, nosotros ya sospechábamos que no estábamos en este mundo sólo para nacer, crecer, alimentarnos, des-alimentarnos, pasar por algunas alegrías y muchas penas, volver a pasar por más penas y al final, morirnos.

No, Dios no nos habría creado sólo para eso Es verdad que también podemos colaborar con Él a mejorar y completar la tierra y el resto de su creación, pero no basta. Nosotros queremos, y con razón, LA FELICIDAD, pasar por la vida viviendo y aprovechando cada minuto, sintiéndonos amados y pudiendo amar.

El evangelio

La propuesta de Dios en Jesús de Nazaret es una Buena Noticia
(un "evangelio") que se resume en una proclamación, en un discurso que recogen los evangelios de Mateo y Lucas: las Bienaventuranzas, como si dijésemos "las Felicitaciones" (ver Mt 5, ?1?12 y Lc 6,1726). Vamos a verlo más de cerca en la versión que nos proporciona Lucas, porque usa un lenguaje más cercano a nosotros.

Pero son un anuncio, una proclamación, una puerta abierta a la
felicidad en la vida. Jesús no solo marca un camino y se propone como modelo al haberlo recorrido el primero y hasta el final, sino que hace posible que cada uno, que cualquiera, lo pueda recorrer.

0s felicito porque ...

De modo increíble, Jesús no comienza exigiendo de los suyos un código estricto de comportamiento, que se crean esto o aquello, que se corten el pelo o que se lo dejen crecer, que se laven en tal o cual postura ? o que no se laven, que de todo hay ? para ser sus seguidores.

Comienza intentando convencerles de que, desde ahora, son, van a ser felices como nunca pensaron. Como por ensalmo, por decreto divino, han sido considerados dichosos. Desde este momento y porque Dios lo dice pueden considerarse felices los que nunca han pensado en serlo: los pobres, los que lloran, los perseguidos. ¿Por qué? El mismo Jesús es la razón; en Él, en sus palabras, en sus actitudes, en sus acciones, en su Presencia Dios ha tomado partido por éstos que lloran, son pobres, sufren o son perseguidos. Dios mismo se compromete en Jesús para dar la vuelta a la situación, para poner las cosas en su sitio donde Dios quiero que estén.
Señor se ha hartado de vemos llorar y sufrir unos por culpa de otros que ríen y disfrutan pero que en el fondo, suponemos, están vacíos. Dios, pues, si creemos a Jesús, no está simplemente en un Cielo de su invención, viéndolo todo y permitiéndolo todo para nuestro bien (o nuestro mal, según opiniones); quien piense o defienda esto, contradice a Jesús.

Los pobres...

Pero, ¿quiénes son estos pobres a los que Jesús proclama felices? ¿En quién está pensando? ¿Qué tiene que ver con nosotros? En nuestras lenguas modernas, la expresión "pobre" tiene siempre un significado, o al menos un trasfondo, peyorativo. Decimos "pobre" hombre... al que no tiene o no sabe o no vale o va... para atrás. Pues lo mismo, y peor, antiguamente. Con los pobres nadie nunca ha contado... En serio, solo Dios.
Jesús habla, con todo, en la tradición y el lenguaje del Antiguo Testamento (familiarmente A.T.). Las palabras de Jesús quieren reflejar el contenido de dos palabras hebreas: Anî Anaw, dos adjetivos.

(Raíz RHD que significa ser mísero; está relacionado con la raíz responder. Un texto de Sofonías 2, 3, "buscad al Señor los pobres y humildes de la tierra, los que cumplís sus normas", muy parecido al nuestro. Normalmente se traducen por pobre y humilde, respectivamente. El significado evolucionó desde el original, pobre, sin terreno suficiente y, por tanto, necesitado de trabajar para otro (lit: el que responde, y se humilla, se encorva al responder, el que está a las órdenes ... ) hasta humilde, piadoso, en el post-exilio, aunque siempre mantuvo el primero. El anî se equipara en Israel al extranjero, al que no tiene derechos. Algunas citas (tampoco agobiarse): Ex 22,24; Lv 19, 10; Is 3,14?15; Jer 22, 10; Sal 9,19; 10, 2.9; 12,6. Y una curiosa: Nm 12, 3).
En general, los Anî y Anaw son los marginados, segregados, explotados, los que tienen disminuida su capacidad, fuerza y valor.
El A.T. les reconoce una actitud espiritual, hacia Dios. Se vuelven a Él y se suplican que termine con estas situaciones.
Mateo, el 1 Evangelio, añade: "en el espíritu" para matizar el significado de la palabra, puesto que en la mentalidad hebrea no estaba clara. Se quiere poner así en línea con los profetas y la serie de textos que, como decíamos, espiritualizan el término. ¿Qué significa? Las modernas Biblias, tras un largo y serio proceso de interpretación, lo traducen como Dichosos los que saben que son pobres o los que eligen ser pobres. Es decir, la primera bienaventuranza se refiere a aquellos para quienes la pobreza es una elección: bien porque aceptan la que se da en su vida o porque han optado por ella, evitando llenar su corazón con una riqueza falsa, buscar una felicidad pasajera y que se compra.

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