Comienza intentando convencerles de que, desde ahora, son, van a ser felices como nunca pensaron. Como por encanto, por decreto divino, han sido considerados dichosos. Desde este momento y porque Dios lo dice pueden considerarse felices los que nunca han pensado en serlo: los pobres, los que lloran, los perseguidos. ¿Por qué? El mismo Jesús es la razón; en Él, en sus palabras, en sus actitudes, en sus acciones, en su Presencia Dios ha tomado partido por éstos que lloran, son pobres, sufren o son perseguidos. Dios mismo se compromete en Jesús para dar la vuelta a la situación, para poner las cosas en su sitio donde Dios quiero que estén.
Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los Cielos
Bienaventurados los mansos porque ellos heredarán la tierra
Bienaventurados los que están afligidos porque serán consolados.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados.
Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia.
Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios.
Bienaventurados los que hacen obras de paz porque ellos serán llamados hijos de Dios.
Bienaventurados los perseguidos por razón de la ; justicia porque de ellos es el Reino de los Cielos.
Bienaventurados sois cuando os ultrajen, persigan y digan todo mal contra vosotros por mi causa, alborozaos y gozaos pues vuestra recompensa es grande en los Cielos
Pero, ¿quiénes son estos pobres a los que Jesús proclama felices? ¿En quién está pensando? En nuestras lenguas modernas, la expresión "pobre" tiene siempre un significado, o al menos un trasfondo, peyorativo.
Decimos "pobre" hombre... al que no tiene o no sabe o no vale o va... para atrás. Pues lo mismo, y peor, antiguamente. Con los pobres nadie nunca ha contado... En serio, solo Dios.
Jesús habla, con todo, en la tradición y el lenguaje del Antiguo Testamento (familiarmente A.T.). Las palabras de Jesús quieren reflejar el contenido de dos palabras hebreas: Anî y Anaw, dos adjetivos que hacen referencia a los marginados, segregados, explotados, los que tienen disminuida su capacidad, fuerza y valor.
Mateo, el 1 Evangelio, añade: "en el espíritu" para matizar el significado de la palabra, puesto que en la mentalidad hebrea no estaba clara. Se quiere poner así en línea con los profetas y la serie de textos que, como decíamos, espiritualizan el término. ¿Qué significa? Las modernas Biblias, tras un largo y serio proceso de interpretación, lo traducen como Dichosos los que saben que son pobres o los que eligen ser pobres. Es decir, la primera bienaventuranza se refiere a aquellos para quienes la pobreza es una elección: bien porque aceptan la que se da en su vida o porque han optado por ella, evitando llenar su corazón con una riqueza falsa, buscar una felicidad pasajera y que se compra.
Para algunos de los "felicitados" por Jesús pasar de una situación a otra es sólo cuestión de tiempo (verbos en futuro: serán ... ). Así llegará un día en que nadie pasará hambre, nadie llorará porque el compromiso de Dios con ellos se hace realidad.
El pobre es aquel que reconoce sus valores y sus limitaciones, su necesidad de los demás, y haciéndolo se fía de Dios, pone su confianza en Él. El rico en cambio se cree que es el no va más, por lo que es y tiene, y cree no necesitar de nadie, al contrario, que todos necesitan de él. La Biblia les llama "tontos", "necios" (ver el Salmo 1) porque más tarde o más temprano descubren que están solos y lo pasan fatal,
La puerta del Evangelio es esta elección que se nos presenta: o reconocer y aceptar nuestra pobreza y fiarnos de Dios, sabiendo que no estamos solos, que hay una Presencia en nuestra vida que jamás nos abandona o creernos ricos y autosuficientes.
Nuestra pobreza es así siempre riqueza, posibilidad, apertura porque hagamos lo que hagamos siempre hay Alguien que sonríe, que nos mira con afecto y amor, que nos apoya que nos comprende y esto nos ayuda para poder hacer nosotros lo mismo con los demás que lo necesitan. De este modo la pobreza se convierte en la riqueza compartida de Dios.
Así pues, el Dios que se compromete nos pide comprometernos, elegir la FELICIDAD ya desde este momento, digan lo que digan de nosotros. Seguro que ya hemos experimentado que siempre que tomamos partido, algunos hablan mal de nosotros y nos critican. Pero los que jamás se mojan no saben qué es ser feliz y qué es compartir de verdad con los demás. Y Dios se ha mojado y hasta el fondo en nuestra vida de hombres, para que nosotros le perdamos el miedo al agua del compromiso y del quedar en evidencia.
El que lo hace conoce desde ya mismo lo que es el Reino de Dios, el mundo que Dios quiere y no cesa de proponernos, la verdadera felicidad, la vida eterna que comienza ahora.
Visto todo esto y pensado, ¿qué propuesta Jesús me hace a mí, y desde mi respuesta a mi grupo?
¿por dónde debo empezar en mi decisión de seguir a Jesús? ¿qué he de tener claro siempre?
¿dónde debo volver cuando me pierda?
Lo que propone Jesús, ¿es una locura? ¿es posible llevarlo a la práctica.
Las bienaventuranzas ?y la primera de ellas - marca, desde Jesús, el modo de la intervención de Dios entre nosotros. Él está de nuestro lado... ¿Lo percibimos? ¿Cómo?
Creer en el Evangelio, dicen las Bienaventuranzas, es, ante todo, sentirse dichoso ... atisbar dónde puede estar la felicidad... Y es que hay alguien que nos mira, siempre, con amor. ¿Te has sentido o te sientes así o parecido?
La primera bienaventuranza pide una decisión: reconocer o no, reconciliamos o no con lo que somos, aceptamos a nosotros mismos, no esperarlo todo de nuestra capacidad o nuestras fuerzas... ¿Cómo lo llevas esto de claro? ¿Hacia donde te vas decidiendo?