- Reflexionar con Jesús en su momento de pasión y muerte
En nuestro "Via Lucis" nos vamos a encontrar con grandes dificultades, las mismas que tuvo Jesús en el camino hacia el Calvario que le llevó a la Resurrección, a vencer a la muerte y triunfar la vida.
Ahora vamos a recorrer con Él su "Via Crucis", nuestro "Via Crucis", y lo vamos a hacer recorriendo las mismas etapas que él hizo. Dispónte, pues, a reflexionar sobre todo ésto.
Por grupos base, vamos a asociar las etapas del Via Crucis de Jesús a nuestro camino de "cruz" hacia la "luz", hacia la VIDA, hacia el COMPROMISO.
Cada grupo debe partir del texto correspondiente del Evangelio en referencia a la etapa que se le ha indicado. No hay que centrarse tanto en el texto, sino utilizarlo, representarlo o reflexionarlo como PASO para DAR LUZ, para comprometerse.
La reflexión del grupo (que podría iniciarse con un rato de silencio individual), tiene que desembocar en una ORACIÓN o un canto, una representación, un mimo, un texto inventado o un mural.
Esta reflexión creada por el grupo, servirá después como una etapa de nuestro VIA CRUCIS - VIA LUCIS.
LA FLAGELACIÓN, LAS CAÍDAS DE JESÚS
«...tomando a Jesús, le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; y, trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña, y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: "¡Salve, Rey de los judíos!", y después de escupirle, cogieron la caña y le golpearon en la cabeza.»
El Calvario ya está muy cerca. Cuando vuelvas a echarte al suelo, será sobre la Cruz, para que te claven, pero no tocarás el polvo.
Yo también quiero, Señor, no volver a caer, aunque para ello tenga que encontrarme cerca del Calvario...
Y si ves que pierdo el equilibrio,
ponla Cruz para que al caer me tienda sobre ella y no vuelva a mancharme el barro del camino...
EL ENCUENTRO CON SU MADRE, MARÍA
«Junto a la Cruz de Jesús estaban su madre y la hermana de su madre, María, mujer de Cleofás, y María Magdalena. Jesús, viendo a su madre, y junto a ella al discípulo a quien amaba, dice a su madre: "Mujer, ahí tienes a tu hijo". Luego dice al discípulo: "Ahí tienes a tu madre".»
Seguramente llegó tu Madre cuando aún estabas en el suelo. Qué consuelo, ¿verdad?, estar caído y ver a tu Madre que se acerca.
No dudo que fue ante aquella experiencia de alivio y desde aquel momento cuando determinaste que, al caer nosotros, sintamos también muy cerca la presencia de tu Madre.
EL ENCUENTRO CON EL CIRENEO
«Cuando le llevaban, echaron mano de un tal Simón de Cirene, que venía del campo, y le cargaron la cruz para que la llevara detrás de Jesús.»
Yo también llevo muchas veces tu cruz con desgana, no la quiero, me pesa y la llevo obligado.
¿Servirá ésto de alivio para Ti?.
¡Gracias Señor, porque el Cireneo me dice que aún así se te ayuda!.
EL ENCUENTRO CON LAS MUJERES
«Le seguía una gran multitud del pueblo y mujeres que se dolían y se lamentaban por él. Jesús, volviéndose a ellas dijo: "Hijas de Jerusalén, no lloréis por mí; llorad más bien por vosotras y por vuestro hijos...porque si esto se hace en el leño verde, en el seco, ¿qué se hará?".»
Señor, cuando sufro me agrada que los demás me consuelen. Incluso me siento con derecho a que estén pendientes de mí. Yo, mientras tanto, no me acuerdo de otra cosa que de mi dolor.
Como me admira que Tú te preocupes de esas mujeres y de sus hijos, cuando sufres cargado con la Cruz.
Concédeme, Señor, la gracia de que mi dolor no me haga egoísta.
EL DOLOR, LA SED, EL CANSANCIO, EL PERDÓN
«pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña...»
«le golpearon en la cabeza...»
«pero él, después de probarlo no quiso beberlo.»
«Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?»
«Padre, perdónales porque no saben lo que hacen.»
EL SILENCIO DEL SEPULCRO, EL PIE DE LA CRUZ
«...estaban a distancia, viendo estas cosas, todos sus conocidos y las mujeres que le habían seguido desde Galilea.»
«Después de ésto, José de Arimatea, que era discípulo de Jesús, aunque en secreto por miedo a los judíos, pidió a Pilato autorización para retirar el cuerpo de Jesús. Pilato se lo concedió. Fueron, pues, y retiraron su cuerpo...
Tomaron el cuerpo de Jesús y lo envolvieron en vendas con los aromas, conforme a la costumbre judía de sepultar. En el lugar donde había sido crucificado había un huerto, y en el huerto un sepulcro nuevo, en el que todavía nadie había sido depositado.
Allí, pues, porque era el día de la Preparación de los judíos, y el sepulcro estaba cerca, pusieron a Jesús.»
Yo, Señor, sí creo que vas a resucitar.
Por eso veo en tu sepulcro la espera de la Resurrección.
Ya sé que cuando te sigo, en todas las situaciones difíciles, aun metido en el sepulcro del fracaso, puedo seguir esperando la mañana segura de la resurrección.