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Celebración Penitencial

Introducción

Proponemos este esquema de celebración como ejemplo de una oración comunitaria-litúrgica.

1. Ambientación

Se sitúa el grupo en su Capilla o Sala de Oración.
Monición sobre la finalidad, significado y estructura de la celebración.
Invitación a la presencia de Dios y al silencio interiorizante.
Durante unos cinco minutos se está en total oscuridad.

2. Denuncia

Uno del grupo enciende un cirio y a su luz lee pausadamente:

· En los sepulcros también hay silencio; pero un silencio que sabe a muerte. En los sepulcros también hay soledad; pero una soledad que sabe a tristeza y vacío. (Breve silencio).
· Hay zonas de nuestro ser que nos dan miedo. Las tenemos cerradas a cal y canto. Están necrotizadas. Por eso no entramos en ellas. (Breve silencio).
· Jesús, no es Señor de esas zonas cerradas. De ese "yo" aislado frente a los "tús" cercanos. No ha entrado la vida en esas zonas. Por eso domina en ellas la tiniebla. (Breve silencio).
· Y, sin embargo, ¡qué afán por disimular nuestro pecado! ¡Qué empeño y qué arte para encalar nuestra "fachada", nuestro "sepulcro". Tanto que, no solo engañamos a los otros, sino que, a veces, nos engañamos hasta a nosotros mismos. (Breve silencio).

3. Petición de luz

Se canta la siguiente canción:
Señor Jesús, enséñanos a ver.
Señor Jesús, enséñanos a entrar
adentro, donde nace la luz,
donde crece el amor,
donde nos enseñas tú. (3 veces lo subrayado).

4. Oremos con el Salmo 50

Un lector del grupo leerá con pausa el salmo.
Al comienzo, cada cierto número de versículos y al final, todos cantarán dos veces:
"Señor Jesús, ten misericordia de mí pecador..." (o similar)

5. Preces a modo de examen y petición de perdón

Sucesivos miembros del grupo van animando con estas peticiones u otras semejantes:
· Señor. Creemos en ti, pero a menudo nuestra fe está muerta, sin vida, sin la consecuencia práctica de unas obras. Descuidamos el trato íntimo contigo en la oración y, luego, no conocemos tu voluntad y si la conocemos carecemos de fuerza para cumplirla. Perdón, Señor, perdón.

Siguen las peticiones de perdón que se pueden concluir también con el ruego cantado de: "Señor, escúchanos, Señor, óyenos".

Señor: Tú, que conoces estas y otras muchas zonas oscuras de nuestro ser, donde no brilla la luz de tu presencia y de tu gracia, levanta la tapa de nuestros herméticos sepulcros, penetra hasta el fondo y haz que brote nuestro arrepentimiento y tras él nuestra alabanza. Perdón, Señor, perdón.

6. Lectura de la palabra

Este es el momento de que un lector lea despacio el siguiente texto de Ez 37, 12:
"Así dice el Señor: "Yo mismo abriré vuestros sepulcros y os haré salir de vuestros sepulcros, pueblo mío, y os traeré a la tierra de Israel. Y cuando abra vuestros sepulcros y os saque de vuestros sepulcros, pueblo mío, sabréis que yo soy el Señor: os infundiré un espíritu nuevo y viviréis. Os colocaré en vuestra tierra y sabréis que yo, el Señor, lo digo y lo hago". Oráculo del Señor".

7. Silencio contemplativo

Los miembros del grupo van encendiendo su velita en el cirio central.
Mientas la luz se va extendiendo, se van repitiendo las frases más significativas del texto que se acaba de leer: "Yo mismo abriré vuestros sepulcros..,"

Textos y luces sirven para plasmar la experiencia de cómo la Palabra del Señor fuerza nuestra apertura y extiende su perdón.

8. Confesión

La celebración Penitencial sería conveniente que concluyese siempre con una Confesión de Fe y -caso de haber sacerdote- con la oportunidad de una Confesión Sacramental para quienes lo deseen.

9. Fin de la celebración.

Finalizado el espacio anterior, un sacerdote o el animador del grupo prosigue:

· Reconciliados con el Señor, con los hermanos y con nosotros mismos, oremos a Dios, nuestro Padre con las mismas palabras que Jesús, nuestro hermano, un día nos enseñó:
Padre Nuestro (en pie y dándose las manos)
· Padre Santo, tú nos has iluminado con la luz de tu Hijo, concédenos que ya no seamos hermetismo ni tiniebla para nada ni para nadie; ayúdanos a ser apertura total; esto es, testigos de tu verdad y de tu amor. (AMEN).
· Que el espíritu purifique sin cesar cuanto de podredumbre y de vano envoltorio haya en nuestras vidas hasta darles el vigor de ese fermento, esa sal y esa luz que debemos comenzar a ser. (AMEN).
· Y que nos bendiga, ("os bendiga", si es sacerdote quien da la bendición) Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. (AMEN).

OREMOS. Señor, nosotros vivíamos en tinieblas del pecado, nos habíamos acostumbrado a nuestro papel de sepulcros. Disfrazados, eso sí, de juventud, aparente alegría, supuesta honradez..., pero, al fin y al cabo, sepulcros. Pero gracias a tu inmenso amor has tenido compasión de nosotros, y mediante tu perdón has renovado en cada uno la Pascua de la Resurrección de tu Hijo, que la gran piedra del pecado jamás vuelva a taponar la entrada de tu amor en nuestro mundo. Te lo pedimos por Jesucristo Nuestro Señor. AMEN.

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