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El mensaje de Jesús : El Reino de Dios está cercaObjetivosEn esta reunión vamos a intentar:
- Profundizar en el conocimiento del Reino de Dios que anuncia y vive Jesús.
- Descubrir la alegría y experimentar la libertad que produce dejarnos guiar por Jesucristo.
- Mostrar que Jesús, con sus palabras y su modo de vida, realiza la voluntad del Padre que es amor.
- Comprender que su palabra llega hasta nuestros días anunciando la salvación. Dinámica - Ver - VidaA) Actitudes ante la sociedad.
El objetivo consiste apreciar en que en la sociedad no solo hay "antisignos" del Reino de Dios, sino de que también hay muchos pequeños y grandes signos positivos.
("Signo" sería el hecho que nos muestra que Dios está presente en nuestra sociedad, "antisigno" sería el mal, en general aquello que podría hacernos dudar de la bondad de Dios)
La actividad consiste en recoger una lista de hechos negativos que se producen en la sociedad y que son consecuencia directa de la actuación del hombre. A continuación una segunda lista en donde aparezcan signos positivos y testimonios de personas que luchan por un mundo mejor. Puede hacerse reuniendo fotos u otro material.
Ambas listas se presentan juntas delante del grupo para que las observe. Mediante preguntas, suscitar el diálogo, de forma que se reflexione sobre nuestra actitud ante la sociedad, ¿somos demasiado pesimistas de forma que nos dejamos llevar por el "no se puede hacer nada"? ¿o vemos que es realmente posible un nuevo orden?
B) ¿Cómo es el Reino de Dios ?
Esta motivación es adecuada para acercarse al Nuevo Testamento, además de comenzar a tratar el tema del significado del mensaje de Jesús.
Buscar diferentes citas que añadan adjetivos e ideas sobre el Reino de Dios, nos centraremos en aquellas que sean palabras de Jesús. Se confecciona una lista con todo lo que se encuentre.
Es importante resaltar que realmente, el anuncio del Reino por parte de Jesús es extenso en los evangelios.
C) Lectura de Lc 4, 16-22.
Grupos de Profundización o Compromiso, con más experiencia, pueden hacer un comentario a esa lectura.
¿Qué es lo que llama la atención de los que le escuchan?
¿En que se diferencia de un profeta?
¿Son sólo palabras? Reflexión - PalabraJESUCRISTO LA PALABRA DE DIOS HECHA CARNE (Jn 1, Heb 1)
Cuando hablamos de Jesús tenemos presente a un personaje histórico que llamó la atención en su tiempo y continúa seduciendo a aquellos que acogen en su corazón su palabra; pero está palabra... ¿es simplemente la voz de un hombre que expresa sus deseos y aspiraciones ó es algo más ?, porque son muchos los mensajes y las palabras que captan nuestros oídos diariamente y debemos saber discernir los que son verdaderamente fundamentales para nuestra vida.
Jesús es la Palabra hecha carne, la expresión máxima de lo que es Dios, que se hace presente desde lo más cercano. Jesús ya no habla al hombre "en nombre de Dios" como hacían los profetas, "oráculo de Yahvéh", sino que habla por si mismo y de si mismo, porque la palabra de Dios es su propia palabra, "en verdad os digo ... "
JESUCRISTO, MENSAJERO Y PROTAGONISTA DEL REINO
No es el hombre quien busca a Dios sino que es Dios mismo quien sale al encuentro del hombre y llega hasta cada uno de nosotros.
Jesús se nos presenta no como maestro de un cuerpo doctrinal, sino como mensajero de un acontecimiento presente, que acaba de comenzar y que está en pleno desarrollo : el Reino de Dios.
"El tiempo se ha cumplido, el reino de Dios está cerca. Convertíos y creed la buena noticia" (Mc 1,15). Con esta frase, Marcos resume su predicación.
La promesa de Dios, que podemos encontrar a lo largo de todo el Antiguo Testamento comienza a cumplirse, Dios viene para reinar de manera nueva y definitiva.
Pero Jesús no sólo es mensajero, sino el protagonista del Reino: es en Él, en quien Dios está cumpliendo todas las promesas anunciadas desde la antigüedad..
El reino de Dios no es una idea para el futuro, está llegando, y además, ya está presente en Él.
CARACTERÍSTICAS DEL REINO DE DIOS
Jesús va a comenzar la liberación total de la humanidad. Él viene a sanar la relaciones del hombre con Dios, y del hombre consigo mismo, a restablecer la paternidad de Dios. El Reino de Dios es una situación en la que los hombres son libres y hermanos.
Jesús nos muestra con su comportamiento, con sus signos, que en esta nueva y definitiva manifestación, Dios está al lado de los oprimidos, de los hambrientos, de los enfermos, de los afligidos, de los que lloran, y comienza a liberarles (cf. Mt 10,7-8; 11,4-6; Lc 4,18-21).
Jesús apareció en la historia en un momento puntual, pero el Reino de Dios es actual, porque sigue siendo necesario, para nuestro aquí y nuestro ahora, para nuestros grupos, para nuestras vidas.
El Reino de Dios permanece humilde y escondido, como una pequeña semilla que crecerá para llegar a su madurez plena. (Parábola del grano de mostaza Mt 13,31-32).
¿Cómo se entra a este reino ? No de forma espectacular, o imponiéndolo por la fuerza. La única condición para formar parte de él es creer en el amor del Padre que se manifiesta en Jesús. Es decir: se entra al reino de Dios por la conversión de los pecados, causa y raíz de todos los males.
Debemos atrevernos a pedir : "Venga tu reino" (Mt 6,10), porque solo la decisión de convertirse, acogerlo y experimentarlo, nos pueden hacer comprender y vivir la plenitud que el reino concede (cf. Mt, 13,44-52).
CONVERSIÓN Y LIBERACIÓN
"Convertíos y creed la buena noticia" (Mc 1,15)
Jesús pide nuestra conversión porque el Reino ya ha llegado, y tenemos que acogerlo, es por lo tanto un hecho alegre. No se trata de mirar al pasado, sino al futuro, hay un nuevo camino.
La conversión implica cambiar de modo de pensar y de vivir, librarnos de falsos ídolos, abrirnos a Dios para atrevernos a llamarlo Abbá (Padre).
Indudablemente requerirá sacrificio, sobretodo en una sociedad que quiere ocultar a Dios, pero...¿Queremos vivir cómo hermanos y sentirnos dichosos como Jesús nos ofrece en las bienaventuranzas.? Aceptemos el reto, reconozcamos a Dios como Padre. Así seremos capaces recibir la energía de trabajar por el Reino de Dios y transmitirla a otros (Mt 5,1-12).
Jesús anuncia la libertad y la liberación del hombre, pero este anuncio supone un trabajo. No nos da una solución mágica que lleve a la felicidad, sino que nos hace una oferta que necesita de nuestro compromiso concreto por el Reino.
Pero... ¿Libres, cómo? ¿Libres de qué?
Su vida, totalmente coherente, nos da la respuesta: La fe en Dios, la confianza y obediencia al Padre nos hace plenamente libres: del afán de tener, de la ambición de poder, del pecado, de la ley, del miedo al fracaso, libres de la sumisión al éxito, de las dependencia afectivas, del temor a la muerte y de la muerte misma.
Jesucristo nos enseña que el amor a Dios se demuestra en el amor a cualquier hombre necesitado. Él mismo se identifica con los pobres, "cuando lo hicisteis con uno de estos mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis" (Mt 25,31-46).
PALABRAS Y OBRAS
Si afirmamos que el reino ya ha comenzado a manifestarse, los cristianos debemos encontrar y desarrollar los indicios de que realmente ocurre así.
En muchas ocasiones tenemos una valoración pesimista o excesivamente negativa del mundo actual. Parece que preferimos anunciar la ausencia de Dios, sin fijarnos en que realmente el mal puede ser vencido, y que su reino ya se desarrolla desde nuestro interior.
Busquemos los signos que nos trae Jesús:
El signo más grande de Jesús es su misma vida, porque es el ejemplo de lucha contra el mal, de resistencia a las tentaciones, él las sintió como hombre, y las venció abandonándose a su Padre.
Las tentaciones del desierto son un resumen de las pruebas que tuvo que superar a lo largo de toda su vida, lo son de las que pasamos nosotros mismos, por lo que con su superación nos muestra que pueden ser vencidas. ¿Qué es la tentación? Quizá hoy en día haya perdido el significado para nosotros, pero ¿ en cuántas ocasiones hemos sentido el deseo de dejar a Dios frente a las cosas del mundo, frente al poder ? ¿cuántas veces queremos "sacar" algo de Dios?
En Jesús había perfecta armonía entre su palabra su comportamiento. En su predicación, el anuncio de la salvación llegaba a ser experiencia inmediata de salud física, libertad psicológica y liberación espiritual.
Jesús acompaña sus palabras con numerosos milagros, prodigios y signos (cf. Hech 2,22) que manifiestan que el reino está presente en Él, que atestiguan que Jesús es el Mesías anunciado (cf. Lc 7,18-23) Los signos que lleva a cabo testimonian que el Padre lo ha enviado.
Otro gran signo de la llegada del reino es el anuncio de la Buena Nueva a los pobres y a los pecadores. El reino de Dios pertenece a los pobres y a los pequeños, es decir, a los que lo acogen con un corazón humilde. Para Jesús la cercanía del reino era la proximidad salvífica de Dios hacia los marginados de su tiempo, víctimas del rechazo, de la segregación, de la desigualdad, de la injusticia, del pecado y del mal. Mirada Nueva - ActuarA) Revisar nuestra manera de acercarnos a la Palabra de Dios. ¿Son solamente palabras? ¿Las escuchamos y meditamos conscientes de lo que son para nosotros?. Se podría llegar a un compromiso personal de lectura de la Palabra de Dios.
B) Buscar una forma de dar testimonio de que la fe cristiana, no es una doctrina o un conjunto de normas, sino una persona que es Cristo.
C) Desde nuestra cómoda sociedad occidental es muy difícil entender y participar de un proyecto como el del Reino de Dios, podríamos reflexionar qué cosas son las que nos impiden entenderlo, ¿qué barreras deberíamos romper ? ¿ quizá la riqueza, el apego a lo material, que no cuadra con la idea de fraternidad ? ¿el egoísmo, incompatible con la aceptación de la paternidad de Dios ?...
D) Si como motivación se hizo la lista de "signos" y "antisignos", ahora puede ser un buen momento para darle una mirada nueva, y ver en ella los signos de que Jesús sigue actuando en nuestro mundo.
E) Una buena actividad para dar una mirada nueva a nuestra vida, puede ser el preguntarnos acerca de en qué medida estamos siendo esos humildes de corazón, capaces de participar en la dicha del Reino. Para reflexionar más...Parábola del grano de mostaza (Mt 13,31-32)
Parábolas del tesoro escondido y la perla preciosa (Mt 13, 44-46)
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