Movimiento Diocesano de Pastoral Juvenil
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Viaje al interior de un@ mism@

Objetivos

Descubrir o reflexionar sobre nuestra propia interioridad.

Dinámica - Ver - Vida

Se organiza una sala o pasillo con tres etapas:
Cuerpo: con espejos, arena, cosas exteriores, máscaras, etc.
Mente: con libros, apuntes
Espíritu: ventilador, dificultades, lleno de cosas, para entrar oscuridad, al fondo unas velas encendidas.
El simbolismo es el de las cosas de nuestro cuerpo, de nuestra mente y de nuestro espíritu, lleno de todo, Dios, un poco aparte, pero siempre presente.

Reflexión - Palabra

¿Hay en tu vida un lugar para Dios?
¿Queremos entrar en relación con ese Dios que llevamos dentro?
¿Le dejamos sitio?
¿Intentamos hacerle un lugar?

Lectura del génesis 2, 7
"El Señor Dios modeló al homre de arcilla del suelo, sopló en su nariz aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo."

Cuando pienso en Dios siento...

Me acuerdo de Dios cuando...

Para tener una relación con Dios, debería cambiar...

Si alguien me pregunta sobre Dios...

Oración

Las campanas del templo
El templo había estado sobre una isla, dos millas mar adentro. Tenía un millar de campanas. Grandes y pequeñas campanas, labradas por los mejores artesanos del mundo. Cuando soplaba el viento o arreciaba la tormenta, todas las campanas del templo repicaban al unísono, produciendo una sinfonía que arrebataba a cuantos la escuchaban.

Pero, al cabo de los siglos, la isla se había hundido en el mar y, con ella, el templo y sus campanas. Una antigua tradición afirmaba que las campanas seguían repicando sin cesar y que cualquiera que escuchara atentamente podría oirlas. Movido por esta tradición, un joven recorrió miles de millas, decidido a escuchar aquellas campanas. Estuvo sentado durante días en la orilla, frente al lugar en que en otro tiempo se había alzado el templo, y escuchó, y escuchó con toda su atención. Pero lo único que oia era el ruido de las olas al romper contra la orilla. Hizo todos los esfuerzos posibles por alejar de sí el ruido de las olas, al objeto de poder ior las campanas. Pero todo fue en vano; el ruido del mar parecía inundar el universo.

Persistió en su empeño durante semanas. Cuando le invadió el desaliento, tuvo ocasión de escuchar a los sabios de la aldea, que hablaban con unción de la leyenda de las campanas del templo y de quienes las habían oido y certificaban lo fundado de la leyenda. Su corazón ardía en llamas al escuchar aquellas palabras... para retornar al desaliento cuando, tras nuevas semanas de esfuerzo, no obtuvo ningún resultado. Por fin decidió resistir de su intento. Tal vez el no estaba destinado a ser uno de aquellos seres afortunados a quienes les era dado oir las campanas. O tal vez no fuera cierta la leyenda. Regresaría a su casa y reconocería su fracaso. Era su último día en el lugar y decidió acudir una última vez a su observatorio, para decir adios al mar, al cielo, al viento y a los cocoteros. Se tendió en la arena, contemplando el cielo y escuchando el sonido del mar. Aquel día no opuso resistencia a dicho sonido, sino que, por el contrario, se entregó a él y descubrió que el bramido de las olas era un sonido realmente dulce y agradable. Pronto quedó tan absorto en aquel sonido que a penas era consciente de sí mismo. Tan profundo era el silencio que producía en su corazón...
¡y en medio de aquel silencio lo oyó!
El tañido de un campanilla, seguido por el de otra, y otra, y otra... Y en seguida todas y cada una de las mil campanas del templo repicaban en una gloriosa armonía, y su corazón se vio transportado de asombró y de alegría.

Si deseas escuchar las campanas del templo, escucha el sonido del mar.
Si deseas ver a Dios, mira atentamente la creación. No la rechaces; no reflexiones sobre ella. Simplemente, mírala.

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