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Orar desde un acontecimiento

Objetivos

Aprender a vivir la propia vida en clave de fe. Ver los acontecimientos, personales o colectivos, como lugar de encuentro con Dios

Desarrollo

Materiales: Periódicos, revistas. Recortes, fotocopias. Fotos o relatos vividos por el grupo.

Monición:
Si supiéramos contemplar la vida con los ojos de Dios, veríamos que en el mundo no hay nada que no sea religioso, que todo tiene su misión en la construcción del Reino de Dios ... Si supiéramos escuchar a Dios, contemplar la vida, toda la vida se nos convertiría en oración. Porque toda la vida se desarrolla bajo la mirada de Dios y no deberíamos vivir ni un solo suceso sin ofrecérselo.

Canto:
Invocación al Espíritu. Es Él quien nos enseñará a orar los acontecimientos.

Lectura o escucha del acontecimiento
(En este momento, se pueden dar distintos materiales, para que de forma personal, cada uno elija el hecho que desee. Otra modalidad sería leer en voz alta un acontecimiento ocurrido).
Contemplar en silencio el hecho. Sus causas, sus efectos, nuestra participación en él. Descubrir que nos dice Dios a través de todo ello. Sentirnos interpelados.

Salmo 12: "Desde la pregunta abierta"
(Se puede leer lentamente el salmo y dejar algún tiempo para hacer resonancias)
¿Hasta cuándo, Señor, te olvidarás de mí? ¿Será, tal vez, por siempre?
¿Hasta cuándo mi voz se elevará hacia ti sin recibir respuesta?
¿Hasta cuándo seguiré caminando solo, como si tú no existieses?
¿Hasta cuándo mi vida será como una línea paralela junto a la tuya?
¿Hasta cuándo, Señor, tus caminos seguirán sin ser mis caminos? ¿Será por siempre?
Señor, aunque no entienda, aunque no comprenda, sigue a mi lado.
Señor, aunque no te vea, aunque te sienta ausente de mi vida, no me abandones.
¿Hasta cuándo, Señor, me ocultas tu rostro? ¿Hasta cuándo?
¿Hasta cuándo mi fe seguirá siendo tan débil que no te vea?
¿Hasta cuándo el rostro de tu Cristo estará confuso en mi vida?
¿Hasta cuándo Jesús de Nazaret llegará a ser luz de mis ojos?
¿Hasta cuándo dejaré de ver hilos cruzados en mi vida joven?
¿Hasta cuándo, Señor, mis ojos llenos de fe verán tu rostro?
Señor, quita la venda de mis ojos y abre mi vida al misterio.
Señor, limpia mis ojos, purifica mi corazón para que te vea.
¿Hasta cuándo tendré, Señor, congojas en mi alma? ¿Hasta cuándo?
¿Hasta cuándo mi corazón se sentirá angustiado y deprimido?
¿Hasta cuándo mi corazón se sentirá vacío y abandonado?
¿Hasta cuándo seguiré siendo manejado por los otros?
¿Hasta cuándo, Señor, seguiré sin descubrir mi rostro?
¿Hasta cuándo, Señor, seguiré solucionando mi vida desde lo falso ?
¿Hasta cuándo la ansiedad seguirá agarrada a mi corazón día y noche?
¿Hasta cuándo, Señor, triunfará el pecado sobre mi vida frágil?
Señor, entra en mi corazón y fortalece mi interior y hazme enérgico.
Señor, alimenta mi vida y llena mi existencia de optimismo.

¿Hasta cuándo, Señor, triunfarán en mí mis enemigos? ¿Hasta cuándo?
¿Hasta cuándo seguiré sin romper con amistades que me esclavizan?
¿Hasta cuándo seguiré sin romper con situaciones de opresión?
¿Hasta cuándo seguiré sin soltarme de las garras de la publicidad?
¿Hasta cuándo seguiré agarrando a los apoyos, a las muletas que me sostienen?
¿Hasta cuándo, Señor, seguiré una vida sin sentido ni rumbo?
¿Hasta cuándo, Señor, seguiré poniendo el dinero y el placer como centro?
Señor, no dejes que en mi vida triunfe el mal sobre el bien.
Señor, no dejes que mi vida joven camine sin un proyecto de vida.
Mira, Señor, respóndeme; yo te he hecho mis preguntas.
Respóndeme, Señor, y sé Tú mismo la respuesta a mi llamada.
Ilumina mis ojos y no me dejes dormir en la sombra de la muerte.
No dejes, Señor, que el enemigo que me rodea, me pueda.
Que mi pie no vacile, que mi existencia sea firme en ti.
Fortalece mi fe débil, incierta ante la duda, floja ante la prueba.
Yo confío en tu tu amor, pues Tú eres la respuesta a lo que busco.
Yo confío en tu salvación y mi corazón en ti exulta.
Yo te canto, Señor Dios, por el bien que me has hecho;
yo te alabo por las maravillas que has hecho en mí;
yo te doy gracias porque en medio de mi pregunta abierta,
en el fondo de mi ser... la respuesta cierta eres Tú.

Tiempo de compartir
En este momento, el animador invitará a poner en común el hecho orado, desde la súplica, la acción de gracias, la alabanza, etc.

Padrenuestro o Canto

Oración final
Me gustaría levantarme en vuelo, Señor,
por encima de mi ciudad,
por encima del mundo,
por encima del tiempo,
Purificar mi vista y pedirte prestados tus ojos.
Desde arriba vería el Universo, la humanidad,
la historia, como los ve tu Padre,
vería en la prodigiosa transformación de la materia,
en el continuo burbujear de la vida,
tu gran cuerpo que nace bajo el soplo del Espíritu.
Vería el maravilloso, eterno sueño de amor de tu Padre:
todo centrándose y resumiéndose en Ti, oh Cristo,
todo: el cielo y la tierra.
Vería como todo en Ti se centra aun en sus mínimos detalles,
cada hombre en su sitio, cada grupo, cada cosa.
Vería aquella fábrica, este cine, la clase de matemáticas y la colocación de la fuente municipal,
los cartelitos con los precios de la carne,
la pandilla de muchachos que va al cine,
el chiquitín que nace y el abuelo que muere.
Divisaría la más chiquita partícula de materia
y la más diminuta palpitación de vida,
el amor y el odio, el pecado y la gracia.
Y entendería cómo ante mí se va desarrollando
la gran aventura del amor
iniciada en la aurora del mundo,
la Historia Santa que, según la promesa,
concluirá solamente en la Gloria cuando,
tras la resurrección de la carne,
Tú te alzarás ante tu Padre y le dirás:
Todo está concluido. Yo soy el Alfa y la Omega,
el principio y el fin.
Sí, yo comprendería que todo está bien hecho y va a su sitio,
que todo no es más que una marcha de los hombres y todo el Universo hacia la Trinidad,en Ti y por Ti, Señor.
Comprendería que nada es profano, nada, ni las cosas, ni las personas, ni los sucesos,
sino que todo tiene su sentido sagrado en su origen divino
y que todo debe ser consagrado por el hombre hecho Dios.
Comprendería que mi vida, pequeñísima respiración
del gran Cuerpo total, es un tesoro insustituible
en los planes del Padre.
Y al comprenderlo caería de hinojos, admiraría, Señor, el misterio del mundo
que a pesar de los innumerables y horrorosos manchones del pecado es una larga palpitación de Amor eterno.
Sí, me gustaría levantarme en vuelo,
sobre mi ciudad,
sobre el mundo,
sobre el tiempo,
purificar mi vista y pedirte prestados tus ojos.

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