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ORAR ANTE UN ICONOExplicaciónSobre el icono de la resurrección.
- Cuida especialmente la preparación psicológica. No se trata de una contemplación estética, sino de hacer oración.
- En grupo, cuida la ornamentación del local y el ambiente musical previo. La imagen puede estar proyectada sobre una pantalla o expuesta en formato grande. Otra posibilidad: una pequeña imagen que cada uno tenga delante de sí. Los participantes se colocan preferentemente en semicírculo en torno al icono, que puede estar iluminado por pequeñas lámparas.
- Se comienza con un canto relacionado con el tema. Invoca al Espíritu Santo y lee uno o dos textos bíblicos que te ayuden a comprender mejor el mensaje: Mc 16, 1-9; 1 Pe 3, 18-22.
- Pacifica todo tu ser (triple recogimiento). Después abre los ojos y pósalos sobre el icono. Mira el conjunto: Cristo resplandeciente de luz sobre la tinieblas del abismo. El infierno como una gruta oscura bajo las montañas, los demonios derribados bajo tierra, algunos hombres encadenados mirando hacia lo alto. Las puertas del infierno están derribadas. Cristo los pisa con sus pies, mientras con decisión saca a Adán y Eva de su sepulcro. El justo Abel, David y los profetas lo rodean.
- Si este es tu primer contacto con ese icono, puedes leer una explicación detallada. Cuando te sientas en armonía con el misterio allí representado , deja que brote en ti una invocación. Por ejemplo, "Jesús mi salvador, ten compasión de mí", o "Yo te alabo, Cristo resucitado", Puedes repetirlas varias veces, intervalos de silencio, en grupo, estas invocaciones se hacen en voz alta para significar la comunión de los participantes entorno al mismo misterio.
- Puedes fijar tu mirada en un detalle (la mano de Jesús que sostiene firmemente las muñecas de Adán y Eva, o los ángeles derribando por tierra a Belcebú, príncipe de los demonios). Permanece en contacto durante algunos minutos. Todo eso de forma sencilla, sin tensión alguna ni nada artificial, no hagas consideraciones mentales, deja hablar a la imagen.
- Experimentarás una gran cercanía, una profunda comunión con la realidad simbolizada por el detalle que has contemplado. Sentirás su fuerza y su energía, y comprobarás a lo largo del día los efectos duraderos de esa comunión. Deja que te llegue el mensaje. Reconoce que Cristo es tu libertador. Él viene a buscarte, resucitado, hasta el abismo de tu pecado para cambiar tu esclavitud en libertad y decirte ¡Shalom! ¡Paz! Puedes practicar la oración del nombre de Jesús, que incluye de forma extremadamente sencilla todo ese misterio, o bien enumerar lentamente los títulos de Jesús evocando la salvación que Él vino a traerte.
En grupo, se puede terminar el tiempo de contemplación silenciosa con una oración libre y espontánea, en tono de alabanza, de petición, de ofrenda, intercesión... Y para concluir, el Padre nuestro y un canto apropiado.
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