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TEMA 7 : LA ORACIÓN CONTINUAINTRODUCCIÓN A LA ORACION CONTINUALa oración no es para un rato, para un momento. La oración nunca son diez minutos,
ni un cuarto de hora, ni siquiera una hora. La oración es siempre, en todo momento.
La oración es continua. Desde que uno se levanta hasta que se acuesta. Nuestra
vida es para Dios y nunca deberíamos dejar de pensar en él. Dios está siempre
dentro de nosotros mismos, en nuestro interior. Y nuestro interior no descansa.
Siempre está trabajando. Decía un autor francés, que tendríamos que aprender a
orar la propia vida, la de todos los días, la de todas horas. Orar siempre. Esta
es la clave, orar para no caer en tentación, como nos dice Jesús. El que ama y
ama de verdad, siempre está pensando en él y en como pedir y dar. Nuestra oración
de cada día, la de a todas horas, debe ser una oración que arranca de lo más profundo
de nosotros mismos y que se vuelve oración de gratitud, de agradecimiento por
todos los dones que Dios nos va regalando; al mismo tiempo que se convierte en
una súplica, petición, etc. Orar y orar siempre es la actitud del que sabe estar
vigilante ante las cosas y ante los acontecimientos. Es la actitud de aquel que
aprende a pensar en Dios como el centro de toda su vida, el eje de todas sus cosas.
Orar siempre es asociar a Dios en cada una de nuestras cosas y de nuestras actividades,
para que él esté presente en todo lo que somos y hacemos. No podemos acordarnos
de él solamente un par de minutos al día. Ha de estar presente siempre, ya que
lo más importante que nos puede pasar es aprender a vivir según la voluntad de
Dios. Y eso requiere un aprendizaje que sólo se logra a través de la oración y
de la oración continua. Pensar en Dios es pensar en él a partir de nuestros sentimientos
hacia Él. Unos sentimientos que son únicos e irrepetibles y que no los tiene otro
más que yo. Cada uno tiene su forma interior y particular de orar con Él. Y todas
nos llevan a Él. La oración de cada día, de siempre, nos ayuda a descubrir que
a Dios cada día lo vamos descubriendo de nuevo. Que no es algo que se sepa de
una vez para siempre. Dios es siempre nuevo. Cada día descubrimos algo diferente,
y ello nos permite estar en guardia. Para no creernos que ya lo sabemos todo.
De lo contrario nuestra vida se vuelve rutinaria y acabamos olvidándonos de él
y de todo lo que nos suene a él. Es importante pensar que cada día Dios viene
a visitarnos de nuevo. Tiene algo que decirnos, algo nuevo que sembrar en nuestro
corazón. Nunca pueden estar cerradas las puertas de nuestro interior. El llega
cuando quiere y como quiere, y nadie sabe el momento. A veces cuando estamos en
oración no llega, y parece como si hubiéramos perdido el tiempo. En cambio puede
llegar cuando estamos trabajando, o estudiando, o tal vez cuando hacemos alguna
actividad. Dios puede llegar cuando menos lo esperas. Por eso es muy importate
mantener abierto siempre nuestro interior. Desde el amanecer hasta la noche, Dios
tiene muchas horas para decirnos muchas cosas. Hay que estar en guardia siempre.
Por eso, orar, no es solamente una situación formal, en una iglesia, en una capilla,
en un oratorio... es estar siempre en actitud orante. Actitud de acogida, de escucha,
de diálogo. Para que cuando venga nos encuentre en vela y podamos acogerle en
nuestro interior. La oración continua, siempre y en todo momento, es la oración
del que nunca se cansa de hablar con Dios, sabiendo que él está escuchando. Es
la actitud del que siente que Dios es el eco de su corazón, que responde con gratitud
a la llamada que le hacemos. A lo largo del día, mantener una relación orante
con Dios es sentir su presencia viva en nosotros. Saber que él está dentro de
nosotros y se hace presente en cada uno de nuestros pensamientos, necesidades,
acciones. Hablar con Dios también es guardar silencio, sin palabras, sentirle
profundamente dentro de nosotros mismos y dejar que él nos sienta. A Dios le gusta
que pensemos en él. Que le sintamos dentro de nosotros mismos, y no sólo un rato,
sino siempre y a todas horas. En la oración continua, hacemos de la vida una oración
viva y presente, en la que Dios es el eje de todos nuestros sentimientos, acciones
y deseos. Y aprendemos, así, a vivir según la voluntad de Dios. ¿CÓMO HACER DE NUESTRA VIDA UNA ORACIÓN?La oración continua es levantar el corazón a Dios a lo largo del día. Dios se
nos hace presente, nos llama, despierta nuestra sensibilidad interior. Es algo
que de alguna manera ya está en ti, aunque no te lo hayas planteado. De hecho,
es como un hilo conductor que va centrando nuestro día, desde el amanecer, le
va dando coherencia y sentido. Renovamos nuestra ofrenda, hacemos viva nuestra
fe, etc... Nos acompaña hasta el momento de dormir. Es un don de Dios a toda criatura.
Dios está siempre "al trabajo" en nuestro interior. Pero no podemos alcanzar este
don por nosotros mismos. Es, como todo, gratuito. Podemos prepararnos y disponernos
por la oración frecuente y por otros medios en los que aquí vamos a reflexionar.
Antes de analizar estos medios, te invito a considerar dos versículos de la primera
carta de San Pablo a los de Tesalónica. "Estad siempre alegres. Orad constantemente"
(1 Tes 5,16 y 17). Un doble precepto. En cadena. El uno como causa del otro. Algo
así como si dijera: "Para estar siempre alegres, debéis orar constantemente".
El "estad siempre alegres" es un precepto que San Pablo reitera, y la liturgia
con frecuencia suplica esta virtud, como un don precioso de la bondad de Dios,
fruto de su presencia. Estar siempre alegre puede parecer un imposible, una utopía,
para el hombre inmerso en la realidad de la vida tantas veces dura y difícil.
Y, sin embargo, sabemos que es verdad en la vida de tantos hombres y mujeres que
viven, en el gozo, esa experiencia, más allá de cualquier sufrimiento, fracaso
o frustración. La oración constante es el medio por el que hacemos presente a
Dios y con Él su gozo. Y es un precepto para todos. No es algo reservado para
los monjes. Es también un precepto para el hombre moderno, agitado por mil afanes,
siempre con prisas y con demasiadas cosas por hacer. Tal vez, más necesario para
él. Al repasar los medios que a continuación te ofrezco, observarás que algunos
son ya habituales en ti. Otros, tal vez, te resultarán sugerentes. A. Pensar en
Dios : Cuando conocemos a alguien y le amamos, pensamos en él. Pensamos de esa
misma forma en Dios: "Yo me acuerdo de Ti, Señor". * Pensamos en Dios al habituarnos
a ver las cosas como Él las ve, con sus ojos. Con la mirada del amor de Dios sobre
cada criatura: vemos entonces lo esencial, el interior más allá de las apariencias,
lo que hay de bueno en cada uno, lo que hay de Dios. Vemos a Cristo presente en
los demás, la mano de Dios en la Creación: "Vestida la dejó con su hermosura".
Como dicen los orientales, descubrimos "la llama de las cosas", que es la presencia
de Dios sosteniendo la Creación. Vemos al Invisible en lo visible. Para eso, hacemos
nuestra súplica del Eclesiastés: "Señor, pon tu ojo en mi corazón". Ayúdame a
mirar con amor, y a encontrarte. A fijar mi pensamiento en la bondad, en tu bondad,
en Ti. Ayúdame a mirar con amor, a desvelar tus huellas en el rostro del hermano,
del extraño, del lejano. A ver tu imagen. Ayúdame a mirar con amor, a sentir tu
presencia en el interior de lo que es, a comprobar tu trabajo sosteniendo cada
ser en la vida. Ayúdame a mirar con amor, a descubrirte en el silencio, "en el
silbo de los aires amorosos, en la música callada, en la soledad sonora". Ayúdame
a mirar con amor. A ver las cosas como Tú las ves. * Lo hacemos también al asociar
a Dios a nuestras actividades, a nuestro quehacer, a nuestra vida. Lo que hacemos
debe ser la voluntad de Dios. Queremos en nuestra vida, en el momento prsente
hacer lo que Dios quiere de nosotros. "Mi alimento es hacer la voluntad del Padre".
Por eso pensamos en Dios uniéndolo a nuestras actividades, desde la ofrenda de
las mismas. * Pensamos en Dios a partir de nuestra relación con Él, de nuestros
sentimientos hacia Él. La relación de cada persona con Dios es genuina y original.
Es irrepetible. Porque cada ser humano es original, es irrepetible. Aunque fueran
los mismos sentimientos los que vivieran diferentes personas, el modo de vivirlos
cada uno es distinto. Eres tú el que ora, es tu voz la que dice, es tu corazón
el que se despierta. En uno predominará la fe, en el otro la confianza, o el amor.
Y así la súplica, la gratitud, la ofrenda o el deseo... nos ayudarán a lo largo
de nuestra jornada a volver los ojos hacia Dios. * Finalmente, podemos pensar
en Dios en base a lo que sabemos de Él, a lo que vamos descubriendo de su persona.
Porque a Dios no se le puede aprehender, no podemos decir "yo ya me lo sé". Es
siempre nuevo, insospechado. Poco a poco, lo vamos percibiendo, viviendo. Y al
vivirlo aumenta nuestro saber. Y ese saber, cada día nuevo, enriquece y diversifica
nuestro pensar en Dios. Es una buena ayuda recoger cada semana un pensamiento
de la liturgia del Domingoo, cada mañana, de la oración, o hacer una previsión
de víspera. Tal página del Evangelio ma habló hoy de un modo especial, y me acompaña
todo el día. Así distintas facetas del ser de Dios, a las que voy sencillamente
asomándome, llenan mi ser de pensamientos positivos: su amor, su poder, su sencillez,
su perdón. B. Hablar a Dios: Porque el pensamiento fácilmente se nos escapa. El
hablar precisa el pensamiento, lo centra. ¿Qué le decimos a Dios?. * Podemos decirle
nuestros sentimientos, Brevemente: "Señor, yo creo en Ti", "Yo confio en Ti",
"Perdóname", "Te deseo", "Gracias por tu paz"... * Podemos expresarle nuestros
pensamientos, según lo antes dicho: - "Ayúdame, Señor, a mirarlo todo con tus
ojos, con amor". - "Te ofrezco, Señor, este trabajo, estas horas de estudio, este
rato de diversión". - "Soy yo, Señor, soy X, gracias. Quiero ser todo yo para
Ti". - "Te doy gracias porque es eterno tu amor". * Podemos expresarle nuestras
necesidades y las de los otros, en este momento de la historia en que vivo. Intercedo
así, como Cristo en la Cruz, por la humanidad: "Ayuda, Señor, a tal familia",
"Hazle fuerte, Señor, a X", "Ten misericordia, Señor, con las víctimas de X",
"Danos paz, Señor"... * Podemos, finalmente, decirle los momentos en que seremos
para Él en exclusiva: la visita que haré al pasar por tal iglesia, la Misa del
Domingo en que le haré mi ofrenda junto a Cristo, el rato de oración de la noche...
Incluso, podemos hablar a Dios sin palabras, en el silencio, sensibles y atentos
a su presencia, con un gesto corporal, con una actitud profunda. Poco a poco,
percibiremos una vida a dos, ahí adentro, en el silencio. Tú y yo. Nosotros. Diversificamos
nuestro hablar a Dios al dirigirnos de una forma particular a cada persona de
la Trinidad, y a María. Al Padre de quien tenemos el ser; a Jesucristo, hermano
y salvador; al Espíritu, el amor en nosotros, que lo hace todo posible; a María,
madre. C. Con sus palabras: Las palabras de Dios, recogidas en la Escritura, son
palabras que hacemos nuestras para dirigirnos a Él. Recogemos de la liturgia,
de los ratos de oración, algún versículo, palabra o frase y nos dejamos, desde
la mañana, acompañar por ella. Palabras que anoto en mi agenda, que tengo subrayadas
en mis evangelios. Pocas palabras sirven para mucho tiempo. La vida va simplificando
y enriqueciendo nuestra relación con Dios. Unas pocas palabras lo expresan todo,
desde cada corazón, con su peculiaridad. Podemos pensar que aquellas palabras
dichas al ángel: "Hágase en mí..." acompañaron a María toda su vida, definieron
su amor. D. Abrir el Evangelio: Puede también ayudar el abrir a lo largo del día
el Evangelio, en cualquier página, unas cuantas veces: leo un versículo, lo repito,
lo saboreo...y sigo en mi trabajo. Voy subrayando esos versículos, me llamarán
al abrir el libro. Experimentamos así que la palabra de Dios es verdadero alimento:
"No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios"
(Mt 4.4). Su palabra se convierte en nuestra palabra. Entramos en comunión, Tú
y yo, en la palabra. Son nuestras palabras. E. "Zambúllete": Como cuando tomamos
el sol, que de vez en cuando necesitamos refrescarnos, y nos zambullimos en el
mar. Así hacemos a lo largo de nuestro día. "Párate, zambúllete en ti mismo, únete
a la Trinidad presente en ti, adórala y vuelve a tu trabajo". Nos "refrescamos",
pues detenemos nuestra precipitación, nuestras prisas, centramos nuestro quehacer,
llenamos de sentido y contenido nuestro vivir. Debemos, cada uno, tomar conciencia
de las formas de oración que hay en nosotros. Frecuentemente, desde niños. * Para
uno será el deseo de Dios que hay en Él: Tú oras por tu deseo... * Para otro la
intención que expresa al iniciar su día o cada quehacer. Haciendo la ofrenda de
sus trabajos los convierte en oración. Luego renueva esa intención, la alimenta...
* En otro será la presencia, sin palabras, a la que es sensible. * En otro la
intercesión. ... Sin querer, la oración estará en nosotros: "Duermo, pero mi corazón
vela". Y no necesitaremos hacer actos explícitos. Es un don de Dios, el de la
oración continua. Él se nos da de esa manera que hace posible que constantemente
nuestro corazón esté despierto y que la alegría sea verdad en nosotros, en la
libertad y en la paz. ¿En qué momentos vamos a practicar todo esto?. Aunque el
corazón enamorado mantiene en todo momento despierta su sensibilidad por el amor
del amante, se trataría de aprovechar los momentos libres. En cuanto se desocupa
el pensamiento o se detiene el quehacer, mi corazón vuela hacia ti. Son muchos
los momentos libres de un día: me afeito, voy por la calle, hago cola, en el autobús,
subo en ascensor, bajo las escaleras...Entre una ocupación y otra. Tomando unos
segundos, en un alto de mi ocupación. Nos habituamos a aprovechar esos pequeños
momentos. Y ocurre algo así como en la multiplicación de los panes: "Recoged todos
los trozos que sobraron". Y llenaron 12 cestos. Nuestra vida se unifica y, como
una rueda, adquiere un centro. ¿CÓMO HACER DE NUESTRA ORACIÓN UN COMPROMISO?El Señor nos manda amarnos unos a otros como Él nos ha amado y también nos invita
a decir "Padrenuestro",es decir a que seamos hermanos,ya que no podríamos invocar
a un mismo Padre,sin sentirnos hermanos unos de otros.Vivir esta fraternidad exige,de
nuestra parte un esfuerzo enorme y constante que tan sólo a través de una vida
de oración intensa y profunda,a pesar de nuestras debilidades,podremos alcanzar.
Separar vida y oración es una aberración. La oración es la fuente de todo compromiso.
Y el fin del compromiso es vivir la unidad en el amor, donde oración y compromiso
son dos facetas de la misma vida. Cuando hablamos de compromiso entendemos desde
las más grandes empresas en favor de los demás, principalmente de los más desvalidos
de nuestro mundo, hasta la simple sonrisa a un enfermo o a todo aquel que se nos
acerca. El compromiso es dar, con nuestro vivir, testimonio de la presencia de
Jesús en nosotros según todas las posibilidades: físicas, materiales, económicas,
intelectuales, psicológicas, afectivas y espirituales de cada quien en el momento
de su propia vida. Se trata de hacer presente ahora y aquí el amor y la vida entregada
de Jesús-para-los-demás. Para que el compromiso sea verdadero,debemos estar dispuestos
a sacrificar comodidad y tranquilidad. Cuando llegamos a confundir oración y vida,oración
y compromiso, todas las renuncias se verán compensadas por el gozo de la fe y
el amor. LA ORACIÓN DEL CORAZÓNPodemos poner como
ejemplo de oración y vida, la oración del corazón, es un modo de oración muy antiguo,
utilizado por los monjes de Oriente. Esta oración del corazón, es un tipo de oración
contínua, que consiste en repetir "¡Señor Jesús, Hijo de David, ten misericordia
de mí!". El espíritu de esta oración es el reconocimiento de la pobreza del orante
y de la grandeza y misericordia de Dios. La podemos aplicar con numerosos textos
bíblicos, a modo de mantra. En esta oración, nos ayudaremos de la respiración,
acompasándola con las palabras que pronunciemos. En la inspiración, el espíritu
de Jesús entra en nosotros y en la espiración, nos entregamos a Él. Es una oración
de una fuerte tradición en la Iglesia oriental y que ayuda a mantenerse en la
presencia de Dios de forma continuada. Fichas del temaOrar desde un acontecimiento
Algunos ejemplos de oraciones ante los acontecimientos
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