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TEMA 4 : LA ORACION PERSONALIntroducciónEn este tema, se dan las orientaciones
básicas a seguir por todo aquél que se quiera tomar en serio el camino de la oración.
Se desglosan en diez puntos que recorren desde la preparación a la oración, podríamos
decir la fase previa a la oración propiamente dicha, hasta ese momento personal
de encuentro con Dios. 1 COMIENZA POR FIJAR UN TIEMPOTodo requiere tiempo. El tiempo que dedicamos a algo es la mejor medida del interés
que ponemos en ello y garantía de nuestro previsible aprovechamiento. Excusarte
para no hacer algo con el dicho de "no tengo tiempo" equivale a confesar que tal
asunto " no te interesa ". Nada nos cuesta tanto regalar como nuestro tiempo.
Para cultivar tu intimidad con Dios comienza por acotar un tiempo diario. Cuanto
antes mejor. Si esperas a no tener nada que hacer, continuamente te surgirán quehaceres.
Claro que hay tiempos más propicios para una cosa u otra Procura en este caso
elegir ese tiempo en que tu espíritu está más despierto y libre y tu cuerpo más
descansado y sereno. Luego, pase lo que pase, comienza tu momento de oración.
·No cedas nunca a la tentación de que "también el trabajo es oración". ¡Falso!
El trabajo es trabajo y la oración es oración. Lo que sucede es que quien vive
cada día momentos fuertes de oración, todo lo tiñe luego de color de Dios. 2. CUIDA TAMBIÉN LA ELECCIÓN DE UN LUGARDios está en todas
partes. Cierto. Los verdaderos adoradores no tienen que ir a buscar al Señor al
monte Tabor ni al Templo de Jerusalén. Cierto. Verdaderamente es digno y saludable
que en todo tiempo y "lugar" le demos gracias. Pero... siempre que puedas... procura
elegirte un "espacio de oración". Un lugar colmado de silencio y de paz. Te sugiero
tres posibles. - En el templo, muy cerca del Sagrario o de tu imagen preferida.
-·En tu habitación -cerrada bien la puerta- también puedes acondicionar con sobriedad
tu "rincón de oración". - Y en plena naturaleza. Bajo la cúpula de ese templo
de la creación que es el firmamento cielo y unido al concierto que elevan al Creador
todas sus criaturas. * No caigas, sin embargo, en la tontería de creer que con
Dios sólo se puede orar en los rincones. Muchas veces no encontrarás otro lugar
para hacer lo que el vagón del metro o el embotellamiento del trafico. 3. PERO... ¿POR QUE TIENES QUE ORAR?* A la hora de buscar un
primer "por qué" a tu oración piensa éste: debo orar porque Jesús oró, nos enseñó
a orar e insistió a que lo hiciéramos constantemente. (Lc.11, 5-8). * Pero hay
otro "por qué" que no es otro sino el de que "el Señor esta ahí y te llama". El
te amó primero. El siempre llama a tu puerta. A poco que pienses, te darás cuenta
de que no te queda otro remedio que responder. Y esta respuesta, la hagas como
la hagas -pidiendo, agradeciendo, alabando, etc.- será tu oración. * En una palabra,
toma la decisión de orar por verdadero " amor ", nunca como una obligación más.
Santa Teresa de Jesús decía que en la oración había que tener una determinada
determinación de llevarla a cabo, pase lo que pase, suceda lo que suceda... 4. AL COMENZAR TU ORACIÓN... RECÓGETE* Piensa que habitualmente
el ajetreo de la vida nos tiene desperdigados en mil pedazos: ruidos, cansancios,
preocupaciones... Todo ello hace que muchas veces no estemos realmente donde estamos
ni a lo que estamos. Por eso, antes de orar, necesitamos recomponer ese puzle
que somos nosotros. Tenemos que integrar cuerpo y espíritu. Tienes que recoger
tus sentidos, sentimientos y afectos, de suerte que crees un clima propicio a
la escucha del Señor. * Te ayudará a conseguir este "recogimiento" el lograr una
determinada postura corporal, la relajación de tu sistema muscular y el que consigas
una respiración serena, profunda y consciente. Cada uno ha de conocer la postura
que más le ayude. 5. SIÉNTETE DE INMEDIATO EN SU PRESENCIA* Orar no es si no descubrir como sea y donde sea la presencia del Señor y sentirte
ante ella. * Pero para descubrir esa presencia y saber que decir, precisamos la
ayuda del espíritu. Del Espíritu de Jesús. Del Espíritu Santo: - Él te descubrirá
el sentido de las Escrituras. - Él te desvelará el mensaje encerrado en cada acontecimiento.
- Él te ayudará a clamar: ¡Abbá! ¡Padre! - Él te indicará su voluntad y te dará
fuerza para correr a cumplirla. - Él, en una palabra, es quién orará en tí. Y
tú, por El, en Cristo. * Luego, si es el Espíritu el verdadero protagonista de
tu oración, no la comiences nunca sin susurrar repetidamente: ¡Ven, Espíritu Santo,
ven ! Y luego, déjate invadir, sacudir, purificar y lanzar al mundo por Él... 6. LO QUE MAS IMPORTA ES EL... 'QUERER'* Cuando comiences
cualquier momento de oración, formula expresamente tu deseo de sentirte ante tu
Dios. De ofrecerle ese tiempo. De ponerte a su escucha. De tratar con El. Di,
por ejemplo: "Tú estás aquí. Dios, tú eres amor". Y añade: "Señor: de este rato
de oración quiero lo que tu quieras".Luego bastará con que renueves a lo largo
de este tiempo, esta misma actitud. * En todo trato de amistad -Y la oración lo
es - lo que importa es el querer ESTAR con el amigo. El cómo discurra ese momento
de presencia acompañada ya no depende tanto de nosotros. Si durante la oración
llega el "fervor", lo mismo que si llega la distracción o la aridez, habrá que
repetir con mas fuerza si cabe: "Señor: yo quiero lo que tú quieras". 7. RECUERDA QUE ORAR ES COSA DE DOSRecuerda que orar es cosa
de dos. También desde el primer momento hay que establecer con el Señor una clarísima
"relación dialogal": Tú-yo... Tú-yo... Tú-yo... Esta comunicación reavivará tu
fe y te evitará confundir la oración con otras muchas cosas. 8. YA EN EL MOMENTO DE INTIMIDADa) ESCUCHA: "Escucha, Israel"... "Habla, Señor, que tu siervo escucha" son frases
clave en ese dialogo amistoso Dios-hombre que es su Revelación y nuestra oración.
Todo lo dicho, hasta ahora, no tenía otra finalidad sino favorecer esta "escucha".
Lo mas normal es que leas algún texto de la Escritura: un salmo, un pasaje evangélico...
Métete en alguno de sus personajes, haz tuyos los sentimientos de Jesús... - En
ocasiones, esta Palabra puede venir traducida en los textos de un autor espiritual;
del magisterio de la Iglesia, etc. Léelos del mismo modo. - Puede que muchas veces
Dios te hable a través de cualquier acontecimiento que acaba -o te acaba- de suceder.
Bájalo con cariño -como María- al fondo de tu alma para descubrir a la luz del
Espíritu el mensaje que lleva dentro. b) CALLA: calla tú para que sólo resuene
en tí lo que has oído. Repite una y otra vez esa frase, esa palabra. Recuerda
esa escena, ese sentimiento, esa actitud... Lleva lo escuchado a aquel rincón
de tu ser o de tu vida donde mas eficaz pueda ser... c) CONTEMPLA: contemplar
es mirarlo todo en "paz", ¡con muchísima paz! Y con "amor", ¡con muchísimo amor!
Mirar, por ejemplo, a Jesús y sentirte mirado. Hasta descubrir el secreto de mirar
así para ir luego mirándolo todo por la vida de ese mismo modo. Y así, hasta resumirlo
todo -lecturas, hechos, cantos, símbolos, pensamientos, recuerdos...- en pura
y simple "atención amorosa". 9. ORAR ES 'COMPROMETERSE'Nada hay menos alienante que el amor. Por eso, nada puede serlo menos que la oración.
¿Por qué? Porque el verdadero amor de Dios ha de conducirte de inmediato al amor
de los hermanos, al compromiso por construir el Reino de Dios. Esto es, oramos,
no para que Dios realice nuestro planes, si no para conocer y ser capaces de realizar
nosotros los planes de Dios. Si al concluir tu momento de oración no sales un
poco más dispuesto a que, por lo que de tí dependa, algo comience a ser un poco
más "como Dios quiere"..., "fía poco de tu oración". Todo orante tiene una familia
a su cargo. Se llama "Humanidad". 10. Y CUANDO TERMINES, 'NO CIERRES LA PUERTA DE GOLPE'El final de la oración suele ser con frecuencia la parte mas descuidada de la
misma. Sin embargo, nadie termina un rato de conversación con un ser querido,
levantándose de pronto y cerrando la puerta de golpe. Por eso, comienza a despedirte
mostrando al señor tu gratitud por el propio rato de oración que has mantenido.
Ojo: antes que por ninguna otra cosa, por ésto: por haberte permitido "tratar"
con Él... Luego, no evalúes si el provecho espiritual que has sacado de este momento
fue mucho, regular o nulo. Si hemos "querido" estar , eso nos debe bastar. Además,
según san Juan de la Cruz, hasta esos ratos que pensamos haber perdido el tiempo
en la oración, "tiénelos Dios en mucho". Como punto final, puede servirnos una
plegaria a María para unirnos a coro de aquellos primeros cristianos que "perseveraban
en la oración, junto con María la Madre de Jesús" (Hch 2, 14). Fichas del temaEducar el cuerpo
Orar con el cuerpo
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