- Reflexionar sobre la fe como respuesta personal a la invitación que Dios nos hace a cada uno de nosotros.
- Celebrar y dar gracias por el don de la fe.
- Vivir la fe en clave eclesial, comunitaria.
Al comienzo de la oración, el lugar, sala o capilla, donde nos reunimos ha de estar en penumbra, casi a oscuras, con dificultad para vernos los unos a los otros, solamente habrá alguna vela encendida o luz tenue. Se pueden disponer, de forma central un buen número de velas, para ir encendiendo progresivamente a lo largo de la celebración.
El animador invita al recogimiento, a dejar aparte, preocupaciones, problemas, estudios, etc... para interiorizar, entrar hacia dentro de uno mismo...
Nos hemos reunido hoy para celebrar juntos nuestra fe. Esta fe es respuesta personal y a la vez, es una fe inmersa en la tradición de un pueblo que ha caminado, que sigue caminando...
Por experiencia, sabemos que no nos es fácil creer en lo que no vemos, pero no estamos solos, hay muchos hombres y mujeres que antes que nosotros, a lo largo de la Historia, han creído, se han fiado, han confiado plenamente en Aquel que se va revelando en la medida de nuestra fe.
Silencio (habrá un momento de silencio o una música muy suave)
(En este primer momento orante, cuestionaremos nuestra fe ante distintos acontecimientos de nuestro mundo, de nuestra vida ... para poder dar una respuesta personal, tener una mirada de fe, para hacer presente a Dios en nuestra historia.)
Reflexión
A veces, en nuestro mundo es difícil creer en un Dios que nos ama, estamos tan llenos de odios: guerras, hambre, injusticia, terrorismo, violaciones, desunión, competitividad, indiferencia, etc...
(Se pueden relatar algunos acontecimientos de actividades que reflejan estas situaciones)
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Se permanece en silencio.
Canto de esperanza
(Durante el canto se puede encender alguna vela o luz más clara, pero poco intensa)
El animador invitará también a los que participan en la celebración, a poner en común algunas de sus dificultades para poder creer...
Después de cada dos o tres intervenciones se cantará:
Nada te turbe
Nada te turbe,
nada te espante,
quien a Dios tiene
nada le falta.
Nada te turbe,
nada te espante,
solo Dios basta.
Escucha de la Palabra: Heb 11, 1-2.8-19.39-40
Silencio para interiorizar la Palabra:
(Durante la recitación del salmo se van encendiendo algunas velas o luces que dan un poco más de claridad)
SALMO SUPLICANDO LA LUZ
Señor: quisiera ser luz
y me siento sombra.
Como un cuerpo opaco que se resiste
para no ser traspasado.
Así me siento, Señor.
Mis ventanas y balcones están atrancados;
me da miedo abrir.
Atisbo tras los postigos.
Se que estás cerca
pero me asusta la luz.
Soy una vidriera en la noche
necesitada del sol que la haga transparente.
Pero Tú, Señor, barre mis miedos,
borra con tu luz mi oscuridad.
Ilumina mi vida
para que sea un arco iris de limpios colores:
esperanza y cariño
acogida y paciencia
generosidad sencillez y ternura.
Hazme espejo
que refleje tu luz a raudales.
Hazme potente faro
que extienda tus rayos hasta las lejanía.
O, si prefieres,
déjame ser una lucecita débil,
pero suficiente para el hermano
que acompaña mi camino.
Esta es la súplica que yo te dirijo
a Ti, que disipas toda sombra
haz que así sea, Señor.
Canto: "Señor enséñanos a orar" o similar.
Animador
En Jesús encontramos la razón de nuestra fe. Vamos a escuchar algunos de los pasajes del Evangelio, en los que Jesús pide la fe como condición para ser discípulo.
Escuchamos la Palabra:
(Se elegirán una o dos lecturas entre las propuestas, dejando espacios de silencio)
Mc 4, 35-41; Mc 5, 25-34; Mc 11, 20-23; Mt 21, 18-22; Mc 16, 15-16; Lc 17, 5-6.
Canto "Tengo fe", "Confío en ti" o similar:
Durante el canto se encenderán más velas o luces consiguiendo una mayor claridad.
Animador
Estamos llegando casi al final de nuestra celebración, hemos visto que la fe ha transformado la oscuridad de nuestra vida en claridad. La fe nos ha adentrado cada vez más en el misterio de Dios para conocerle y amarle mejor. En el centro del misterio del Hijo de Dios hecho carne se encuentra la Virgen María, vamos a acabar esta oración mirándola, para que ella guíe nuestro caminar en la fe.
En su vida, hubo muchas oscuridades, pero María, supo responder a la llamada del Señor, por medio de la fe; avanzó confiando libre y totalmente en Dios.
Escucha de la Palabra: Lc 1, 39-45.
(Tras un breve silencio se encienden todas las velas o luces que quedan.)
Canto "Magnificat"
(Si no se conoce un canto con toda la letra, puede cantarse el canon de Taizé, en ese caso se puede recitar el Magnificat)
(Todos en pie)
Se puede acabar recitando todos juntos la oración "Señor yo quiero creer en Ti" (toda o varios párrafos) o bien el "Credo"
SEÑOR, YO QUIERO CREER EN TI.
Señor, haz que mi fe sea PLENA.
Sin reservas,
capaz de penetrar en las cosas
divinas y humanas.
Señor, haz que mi fe sea LIBRE.
Que cuente con el concurso
personal de mi adhesión;
acepte las renuncias
y los deberes que comporta
y sea cabal expresión del estilo
de mi personalidad.
Señor, haz que mi fe sea CIERTA.
Cierta por su coherencia entre
las pruebas exteriores
y los testimonios interiores
del Espíritu Santo.
Cierta por su luz que asegure,
por sus conclusiones que tranquilicen,
por su asimilación que descanse.
Señor, que mi fe sea FUERTE.
Que no se asuste ante la contradicción
de los problemas que llenan nuestra vida,
ansiosa de luz
que no tema la oposición de quienes
la discuten, atacan, rechazan o niegan;
sino que se fortifique
en la experiencia íntima de tu verdad.
Que resista la fatiga de la crítica;
se robustezca por continuas confesiones
y remonte las dificultades
dialécticas y espirituales en medio
de las cuales discurre nuestra existencia.
Señor, haz que mi fe sea ALEGRE.
Que dé paz y sosiego a mi espíritu
y que lo disponga a la oración con Dios
y a la conversación con los hombres
para que irradie en estas relaciones
sagradas y profanas,
la felicidad interior de tu presencia.
Señor, haz que mi fe sea ACTIVA.
Y que ella dé a la caridad
un motivo de su expansión moral;
de modo que ella constituya
una verdadera amistad contigo.
Y que en las obras, en el sufrimiento,
en la espera de la revelación final,
suponga una continua búsqueda de ti,
un testimonio continuado,
un alimento interrumpido de la esperanza.
Señor, haz que mi fe sea HUMILDE.
Que no tenga la pretensión de fundarse
sobre la experiencia de mi pensamiento
ni de mi sentimiento;
sino que, más bien, se rinda
al testimonio del Espíritu Santo.
Y que no tenga otra - ni mejor - garantía
que la docilidad a la Tradición
y a la autoridad del Magisterio de la
Santa Iglesia.
(Oración de Pablo VI pidiendo fe)